a. Comentarios Generales
Vivir en sociedad cada vez se vuelve más complejo y delicado, y también repugnante y asqueroso, al menos cuando se vive en la sociedad equivocada.
Y es el hedor lo que hace fácil distinguir entre la sociedad correcta y la incorrecta, lo que vuelve sencillo saber si uno está en el lugar indicado o no. El hedor que se siente desde lejos, desde antes del encuentro, los saludos, la plática y etcéteras. Es el hedor que emana desde que la mera idea cruza la cabeza: "aquí apesta a sociedad equivocada", y que se vuelve fuerte y después insoportable cuando coherentemente la sociedad incorrecta no deja de serlo. Y es el hedor que lo persigue a uno durante mucho tiempo después de que la sociedad en cuestión le ha dejado solo, el hedor que se vuelve parte de mí, que absorbo en cada encuentro de estos, y que no me puedo quitar de encima.
¿Cuándo dejé de hacer caso a esa punzada que dice "no, no vayas"? ¿Cuándo se me ocurrió que quería ser parte de ellos? ¿Y qué haré ahora que recuerdo que no, que no quiero convertirme en nada parecido porque los detesto, a todos y cada uno, con toda mi alma?
b. Puntualizaciones Puntuales
En realidad, no a todos. En realidad detesto a pocos, pero cuando los recuerdo el asco es tan grande que parece que detesto a todos. En realidad fue una buena tarde: buen motivo, buen lugar, buena comida y, carajo, hasta buen clima. Pero la sociedad incorrecta apareció y con ella se fue todo a la chingada.
V:
Quite easy to grasp what's going on with you, man: Un día despertaste y descubriste que tu vida apestaba y, peor, de inmediato te convenciste de que no había nada que pudieras hacer para cambiarla. Serious mistake, porque eso te llevó a buscar felicidad fuera de ti, de lo que tienes y lo que eres. Casi puedo verte contemplando escaparates y preguntando ilusionado cuánto cuesta esa felicidad que exhibe la modelo tan bonita sólo para escuchar desconsolado el precio y caminar desconsolado de regreso a tu casa, pensando (correctamente) que en realidad no necesitas más felicidad que la que puedes extraerle al paseo peatonal vespertino pero perfectamente consciente de que no sabes cómo hacerlo, de que no sirve intentar convencerte porque la felicidad simplemente no aparece ni en el paseo ni en la casa ni en ningún lado. Casi te imagino subiendo las escaleras del departamento llegando a la conclusión, una vez más, de que en realidad deberías ser feliz porque tienes todo lo que en algún momento pensaste que podrías querer o necesitar para alcanzar tan absurdo y ambicioso propósito: trabajo, esposa, el coche, el gato... y ya. Y casi escucho la confesión silenciosa justo antes de abrir la puerta y entrar a tu casa: "no tengo nada, no quiero lo que tengo". No era para menos: tu vida en realidad apesta y deberías hacer algo por cambiarla.
Sé que no sabes qué quieres porque no puedes mirar a nada ni a nadie con interés sincero, con alegría. Es como si buscaras todo el tiempo, es como si esperaras que algo te indicara inequívocamente que eso, lo que sea que cruce tu campo visual en ese momento, es la solución al sentimiento de vacío que ya no soportas. Es como si no entendieras por qué tarda tanto en aparecer la felicidad, por qué no sucede ese evento inconfundible que te llevará automáticamente a divorciarte, vender el coche, matar al gato, demoler el depa y empezar de nuevo sin rumbo, sin miedo y feliz. Y en realidad no entiendes que la vida no funciona así.
Por eso te cuesta tanto trabajo entender a K. Por eso no sabes qué hacer con ella. Por eso eres tan torpe cuando intentas conquistarla estúpidamente frente a todos y por eso es tan fácil para K burlarse tan tiernamente de tus pendejadas inútiles. Por eso eres tibio, tibiecito como esa maldita sopa con la que es imposible quemarse. Por eso te mantienes al margen, asumiendo (erróneamente) que si no corres ningún riesgo el asunto no puede mejorar pero tampoco empeorar, y rematando (como si remataras los clavos de tu ataúd desde ahora) con la conclusión de que, "luego entonces (seguramente tú se lo enseñaste a M, o lo aprendiste de M, par de infelices), si no me arriesgo no puedo perder el cachito de felicidad que medio alcanzo a mendigar". ¿Resultado? I'm sure you know it better than me: Terminas cansado de correr tras la zanahoria que tú sólo has atado a tu lomo, decepcionado de ti mismo y de la vida tan injusta que cómo no reconoce el esfuerzo y la trayectoria sobresalientes que te caracterizan con K o A o quién sea envuelta para regalo con todo y moñito coqueto, y que en cambio premia a ese holgazán Luis que no sabe un carajo de análisis experimental, que no corre experimentos, que no se titula y que habla con tantas grocerías; que hace preguntas tan imprudentes, que tutea a tal y que no tutea a tal; que apenas conoce y ya se ríe y hace reír sin importarle que yo esté aquí marcando mi territorio como-selección-natural-indica-que-debo-de-hacerlo. Maldito Luis, ¿qué carajo le pasa?
Y después es el camino a casa con estas y más preguntas en la cabeza, y sobre todo con situaciones imaginarias en las que, victorioso, consigues ponerme en ridículo. O, mejor aún porque así ni cómo la vida podría reclamarte, situaciones imaginarias en las que yo sólo y gracias a mis innumerables defectos y errores, me pongo en ridículo y tú salvas la tarde. Sí, eso suena mejor: "V el héroe, el mártir, el sabio en el que debimos confiar desde el inicio pero más vale tarde que nunca... perdón V, acepta nuestras almas como disculpa", y después los besos con ___ (llene al gusto), el divorcio, lo del gato, etcétera...
Y, mientras, la vida pasa, se te escapa entre los dedos, porque al caminar rápido y con estas ideas en la cabeza, miras a todo y a todos como si buscaras constantemente, como si no pudieras verlos... como si fueras más feliz en tus sueños y no te dieras cuenta. No te culpo: también me pasa. Pero la diferencia entre tú y yo es que yo estoy dispuesto, o al menos he aprendido, a tolerar el putazo que se siente de vuelta a la realidad. Tú no, y por eso eres tan infeliz como sólo tú sabes que eres.
Señor GyD:
Este, mire, voy a ser muy sincero con usted aunque no lo conozca porque su caso es verdaderamente patético. No es el más patético de la mesa, eso sí, pero es que usted se ve peor, como que llama mucho la atención porque ni lo conocemos y entonces andamos de fijados.
Le voy a comentar que se ve realmente mal por dos hábitos que se ve que mamó de su madre o vaya usted a saber de quién chingaos, pero de que los mamó los mamó: Uno es eso de andar lamiéndole los huevos a la gente de aquí y el otro es andar de perro con mis compañeras, no mame. Todavía fuera discreto pus igual y pasa, pero chale, nomás asiente como si quisiera seguir mamando cada que alguien habla, y, dependiendo de si son ellos o ellas, les da el avión en su respectivo género y luego casi casi pide unos besos o un huesito que les sobre por ahí. Y pa' terminar de chingar nos trata mal a nosotros nomás porque somos estudiantes. Pus está jodido, ¿o no? Pus sí, está jodido. Y no, no se preocupe, no me tiene que responder. Nomás le dije esas dos cosas porque su caso es realmente patético y chido, ai' nos vemos.
c. Mentadas de Madre
DR: No te mando a chingar a tu madre nomás porque sé lo que es estar en tus zapatos pero tampoco te las mames... o bueno sí, total...
V: Same as usual, man: te fuiste, te vas, y te seguirás yendo ahí adónde ya sabes que te puedes ir en lo que a mí respecta...
Señor gordo y desconocido: váyase usted a chingar a su madre y asegúrese de que su vida nunca esté en mis manos porque jure que dejo que se lo lleve la puta chingada.
E: Eres un pinche chingón, la neta, y te la supiste... esta es como que una mentada de madre de premio, porque eso de los cumpliditos y mamadas de esas pus no van, jaja.
Mí mismo: Vuelves a ir a una de estas sin querer ir a una de estas, pendejo... Chingá, aunque estuvo bien, fue una buena tarde después de todo.
d. Notas de amor
Te extraño tanto cada que esto ocurre que siento que me voy a morir la siguiente vez que me descubra en una mesa con gente de esta insoportable...
Te extraño tanto, preciosa.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment