April 22, 2010

No quiero que sea 29 de Abril, aún cuando muera de ganas por volver al festejo en el Centro Cultural. Zwei Monate früher dein Geburtstag: los 29 de cada mes me traen malos recuerdos.

Tampoco quiero que llegue mi cumpleaños. No me gusta celebrarlo. No me gusta que la gente se reúna alrededor mío y del pastel, que me canten las mañanitas y que griten porras en mi nombre. Mucho menos apagar las estúpidas velitas y cortar ceremoniosamente la primera rebanada. No me gusta tener que esperar hasta que el último invitado se marche para poder irme a dormir. No me gusta que me feliciten, ni que se acuerden siquiera que hace X años nací. Es una fecha importante, desde luego, porque invariablemente me lleva a la reflexión sobre la propia vida y el rumbo que de una u otra manera he seguido, y me permite imaginar nuevas opciones y hasta cambiar todo drásticamente en ocasiones. Es una fecha que sólo disfruto solo. Pero incluso con ello ya no quiero que llegue.

No quiero que llegue el 29 de Abril ni el 14 de Mayo ni el 29 de Junio ni cualquier 29 ni cualquier otro día que abra la posibilidad de salir de la rutina guiados por la voluntad. No quiero que la voluntad de ninguno de los dos cambie, porque también creo que de no cambiar, ya no hay nada común en nuestras vidas: ni los lugares, ni los amigos, ni los viajes, ni nada. Y no es necesario saber si esta nueva situación-que se empieza a hacer añeja, como ocurre cuando el tiempo pasa-es mejor o peor que alguna otra para concluir que la prefiero-paradojas de la vida.

Desaparece ya, maldita sea.


No me gusta enojarme.
No me gusta enojarme contigo.
No me gusta enojarme por ti.
No, no me gusta.

Y me enoja enojarme contigo o por ti, me molesta, me pudre y me jode.

Mejor tiempo fuera hasta que encuentre alguna manera de controlarme; creo que seguir así no tiene mucho caso.

April 16, 2010

La primavera

Amaneció hace un par de horas. Es una cálida y soleada mañana. El pasto es verde, las jacarandas moradas, las flores florecen, los pájaros trinan, y una hormiga junto a un árbol camina. Es primavera.
¿Y a mí qué me importa la primavera? Y si fuera otoño, invierno o verano, o incluso si se distinguiera alguna otra estación en éste u otro año, ¿me importaría acaso?
Los jóvenes humanos sonríen y caminan abrazados, platican y de vez en cuando juntan sus bocas y se besan. ¿Y a mí qué, si con todo y la primavera, los pájaros y las flores, el color del pasto y de las jacarandas, y las actividades matutinas de una hormiga, ninguno de mis brazos rodea tus hombros o tu cadera mientras no caminamos ni juntamos nuestras bocas para besarnos de vez en cuando, dos horas después del amanecer en ésta cálida y soleada mañana?
Como un plátano y lo acompaño con café soluble. No hay peor café que el soluble, y de todo el café soluble del mundo probablemente el peor sea el que reposa a mi lado contenido en y resguardado de la temperatura ambiental por mi termo. Pero es café, y siempre es preferible tener café a no tenerlo. Al menos me ayudará a combatir el sueño en ésta horrible mañana. Horrible y solitaria. Horrible por solitaria...
...quizá mejoraría si estuvieras a mi lado. Pero no estás aquí ni estamos juntos.
Sioux City Sarsaparilla, de Alexi Laiho. Puede que ayude al café en la titánica labor de levantarme el ánimo y los párpados ahora que es primavera. O quizá no. O tal vez no. Otra de tantas incertidumbres tan cotidianas en mi vida como el malestar que me producen, y para cuyo nombramiento mi vocabulario se ha incrementado fenomenalmente durante los últimos meses. El mundo tenía que resultar indeterminado justo ahora que nos tocó vivirlo, ¡joder!
Lo único seguro es que podría soportar este sueño y mal humor todas las mañanas siempre que el desvelo me llevara a conocerte un poco más cada noche, a adentrarme otro poco en el mundo tan distante, desconocido y maravillosamente atractivo que has dejado asomar levementeen estos días de primavera.