Esa maldita capacidad para leer entre líneas, esa punzada que avisa cuando algo no está bien. Es como jugar ajedrez a oscuras, como apostar en cartas. Y es tan precisa, maldita sea, que la odio.
Casi puedo contar la historia paso a paso, casi puedo enumerar cada una de las ideas en el orden en que aparecieron, y casi puedo jurar que conozco el desenlace desde ahorita. "Eso no se puede conocer desde antes, en todo caso serás profeta que la cumple solo", alguien dirá. Bah, patrañas...
Porque es realmente fácil ver todo desde fuera, entender adónde se mueve y por qué. Me conozco mejor de lo que me gustaría conocerme, y basta tener una vaga idea de los demás para armar el rompecabezas y adivinar el futuro.
Una mierda, si me preguntas... le quita emoción al asunto.
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