July 21, 2010

El demonio

Está claro que busco, ¿pero qué busco? Hay tantas variables a considerar que pensar en una sola combinación de valores resulta engorroso y poco práctico, pero es una tendencia casi inevitable que sigo cada que pienso en la búsqueda.

Y aunque no busque sólo mujeres, las busco, y ellas no escapan a tan cruel y engañosa costumbre: la mujer ideal, que le llaman. ¿Qué sentido tiene imaginarla? ¿No es acaso un poco ingenuo pretender que, de todos los arreglos posibles, yo me encuentro en condiciones de hallar el deseado? ¿Por qué habría de encontrarlo? Y, si acepto que no existe razón para pensar que por el mero hecho de buscar he de hallarlo (lo cual acepto con vehemencia), ¿para qué repasar una y otra vez las condiciones y circunstancias, los hechos y actividades, las características, cualidades y defectos que definen a dicho ser inexistente?

Pasatiempo ocioso que ha mutado hasta convertirse en hábito improductivo, me tiene harto. ¿Cómo hacer para escapar de su dominio?

Quizá resultaría mejor... ¿qué? Al conocer a una chica, ¿no se vuelve necesario compararla con el demonio que he inventado a fin de decidir si me gusta o no? Quizá no lo sea, pero a primera vista parece un paso obligado. Tal vez habría que desechar la idea de establecer dicho valor de atractivo, pues puede ser que desde ahí venga el problema. ¿Pero entonces qué queda?

Lo más extraño y paradójico, independiente al hecho (también invariable) de que el demonio me persigue noche y día, es que al parecer la combinación añorada nunca permanece estable por periodos prolongados, y después cambia sin restricción aparente, pudiendo llegar incluso a oponerse al modelo anterior en cuestión de horas o días en el mejor de los casos. Ello ayudaría a explicar (si es que tal puede considerarse explicación) los cambios súbitos e intempestivos que generalmente han marcado los finales y comienzos de mis relaciones sentimentales más importantes.

¿Estaré condenado a vivir con el demonio? ¿Cómo saberlo, y para qué?
¿Terminaré enamorándome de él? ¿O no vivo ya enamorado y lo que he llamado búsqueda no es más que una serie de intentos infructuosos (debido a la naturaleza cambiante del demonio y de la gente) por hallar lo más parecido al ideal en turno para después hacerles encajar a la fuerza?

¿Podré matarlo?
Y si muere, ¿de quién enamorarse entonces?

July 11, 2010

Hydroponics: 1st. session

Querida V:

He comenzado a escribir estas líneas en medio de la primera sesión del curso de hidroponia. Hasta ahora no se ha hablado mucho sobre la hidroponia de lleno: sólo se han mencionado algunas peculiaridades generales de las plantas y sus ciclos fisiológicos junto con una que otra anécdota que el narrador ha vivido en sus años de experiencia como cultivador hidropónico. Pese a que las tres horas iniciales han sido exclusivamente dedicadas al plano teórico, no han sido aburridas ni poco interesantes. Al parecer el tipo domina la técnica de cultivo que eventualmente suplirá nuestra necesidad de lechuga, jitomate, demás hortalizas, y de planta mágica y maravillosa. Ya te mantendré al tanto de mis avances y proyectos cultivados en medio de materiales inhertes con nutrientes controlados, pero no será ahora, pues no es ello lo que me interesa tratar en esta carta.
Tampoco lo es el efímero entusiasmo que la noticia recién pronunciada por el conferencista (frente a un auditorio de unos 400 ó 500 asientos totalmente atascado, con algunos retardados-entre los que me incluyo-sentados en los pasillos que deben quedar libres previniendo alguna situación de emergencia) ha despertado en el grupo de aprendices:
-Bueno, ahora hagamos un receso breve y regresamos para empezar la parte práctica y, como les decía hace rato, puedan empezar su primer cultivo hidropónico-al parecer ama la palabra-hoy mismo. Nomás regresen rápido porque nos tenemos que ir a las dos.
Al instante se vació el auditorio. Cerca de la mitad dejó sus mochilas en sus asientos y tres o cuatro parejas prefirieron aguantar las ganas de mear, comer, y respirar un poco de aire fresco con tal de vigilar sus lugares personalmente. Y fuimos todavía menos lo oportunistas que, hartos del suelo (tan discordante con esto de la hydroponics), nos quedamos dentro del recinto para apañar alguno de los asientos abandonados.
Justo ahora vuelve el resto para reiniciar la sesión; haré una pausa en mi escritura porque fingiré estar dormido para evitar reclamos del indeseable y potencialmente ("zzz...") imprudente ex-propietario del asiento.