September 29, 2009

Autoentrevista 1

  • ¿Qué nos puede decir sobre este día que ya se termina?
    Fue un día excelente. Aparte de pasar buena parte de la tarde con J, L, B, y algunos otros buenos camaradas, descubrí.
  • ¿Podría decirnos, en sus propias palabras, qué descubrió?
    Por supuesto: el descubrimiento fue aquello descubierto. Si usted se pone en mi lugar, digamos que sería usted quién habría de decir que descubrió; dado que soy yo quién está en mi lugar, soy quién debería expresar la idea empleando tal sentencia. Es por eso que la utilizo cuando quiero relatarle, usando para ello el espacio de mi segunda respuesta en esta mi primera autoentrevista, que el día de hoy hallé un nuevo par de objetos hasta el hallazgo desconocidos.
  • ¿Qué tipo de objetos son?
    El par de objetos es. Los objetos son. Fue uno del tipo de descubrimientos cuya única manera de mostrarse descubribles estriba en permanecer plantado entre dos árboles durante una larga temporada.
  • ¿La temporada larga es del largo de aquellas que siguen a la visita de un trío de amigos que con la intención de plantar acuden al lugar cierto día de finales de curso, plantan y parten? ¿Sucede que tiene duración aproximada al tiempo que un amigo tarda en recordar y decidirse a verificar si el descubrimiento es descubrible? ¿Dura tantos meses, semanas, días y segundos como los necesarios para que alcancen las dimensiones en cuya extensión fueron descubiertos?
    Sí.
  • ¿Qué?
    Que de entre los últimos descubrimientos de mi carrera, este ha causado especial impacto, y ganado un lugar especial en mi corazón y en mis recuerdos también ha. No olvidaré la escena, que mi memoria alcanzó a fotografiar, en que se hicieron presentes distinguiéndose perfectamente en grosor, altura, color, textura, figuras, y demás propiedades visuales, del par de árboles entre los cuales mi memoria les alcanzó a fotografiar. Tampoco morirá la sensación que en mis sensaciones del día causaron dos partes pequeñas de aquellos que, después de almacenadas, trasportadas, secadas y quemadas, fueron. Y mucho menos ha de perderse esta mi primera autoentrevista que con el objeto de relatar el descubrimiento, las sensaciones y los recuerdos acaecidos este día, fue realizada.
Despertó con letargo y ni siquiera un vaso de zumo de naranja fue suficiente para alertarlo.
A manera de preparación intelectual para hacer frente al día, retomó la descripción del macropinna microstoma aún metido entre las sábanas.

El macropinna microstoma es un pez fabuloso. Vive entre 600 y 800 metros de profundidad, en los mares del norte. Pertenece a la familia de los opisthoproctidae, y como tal ostenta un par de ojos tubulares, llamados así porque tienen forma de tubo, aunque a un vistazo rápido sólo sean visibles los lentes esféricos que los coronan.
Entre otras peculiaridades, el macropinna resulta visualmente impactante para el observador no familiarizado debido a que su cráneo es trasparente. Se piensa que los ojos del macropinna se hallan dentro de la membrana...

Aunque había comenzado fenómeno, después de un par de miserables párrafos la descripción del macropinna había conseguido hartarle. Últimamente todo le hartaba.
Cada vez sucedía con mayor frecuencia: las letras se negaban pronto y le obligaban a detenerse así, dejando párrafos a medias y un montón de ideas enmarañadas en la infinidad del hiperespacio.
Pero la cama estaba bien, así que, después de un pequeño descanso que ocupó en estirarse y hacer tronar los huesos de sus dedos, decidió probar con el nuevo ensayo sobre el pastel imposible.

Si aceptamos que el flan y el pan son inconmensurables entre sí, tras un breve análisis de algunos otros postulados kuhnianos relacionados, nos será evidente que la última acción pertinente de entre todas las que nos son posibles, consiste en colocarlos juntos, casi mezclados, en el mismo pastel.

Con la certeza de que nada de lo que escribiera aquella mañana hallaría nivel alguno de aceptación, ya sea por el contenido del texto o por la inexistente disposición a aceptar cualquier cosa, tomó el par de hojitas recién rayoneadas y las hizo pedazos.
Durante un rato, después de arrojar con violencia los trozos de papel al cesto, donde quedaron próximos al último número del Publimetro recogido en la escuela a media mañana, casi por accidente, sólo en busca del sudoku diario, permaneció recostado en la cama.
Miró al techo sin ver nada nuevo. La vida le parecía aburrida sin ella. Comenzó a soñar otra vez, como últimamente le sucedía con frecuencia.

September 27, 2009

¿Qué es todo esto? ¿Un periodo pasajero típico de la adolescencia, o el carácter definitivo que comienza ya a consolidarse?

September 26, 2009

Macropinna microstoma

¿Qué hay 600 metros bajo el nivel del mar?
Entre otras cosas, quizá no tan extrañas y peculiares, vive el Pez Ojos de Barril. Este extraño animal suele alimentarse de kril o de peces pequeños. Pero no son los hábitos alimenticios del pez lo que nos atañe, al menos en cuanto al equilibrio nutricional del animal acuático, ya que existen tantas especies que los comparten que el interesarse o, peor, preocuparse por ellos, lejos de revelar un genuino y puro sentido curioso, daría cuenta de un ímpetu más bien ñoño. En cambio, si nos interesamos en la alimentación del pez guiados por la pregunta de cómo obtiene el alimento del que se alimenta, el asunto cambia radicalmente puesto que tal cuestionamiento nos lleva casi de inmediato a examinar los aparatos sensoriales de los cuales el pez se vale para interactuar con el mundo en el cual se halla su comida.
Y llegado tal punto la alimentación del pez pasa a ser (o debería, en caso de no ser ñoño) asunto irrelevante. Totalmente ofuscada termina cualquier peculiaridad nutritiva cuando a 600 metros bajo el nivel del mar, iluminados por una nunca tan útil lámpara (en genérico; sea reflector o fogata lo trascendente estriba en el haz de luz producido) contemplamos al pez que (tal cual se esperaba de un pez que bajo ninguna circunstancia puede ser ñoño) antes de buscar alimento ha decidido posar para nuestra nunca tan útil cámara.

¿Qué más queda aparte de fotografiar?


Contrario a lo que la errada y útil intuición podría sugerir, los dos puntos oscuros que destacan por encima de lo que sí es una boca (cabe aclarar, hablando del macropinna microstoma, qué es lo que parece que es y qué no lo es) no son los ojos sino las ventanas nasales del animal. Tal cual se ha mencionado, aquello que por abajo de aquellas parece una boca es, de hecho, la (única) boca del animal. Y hasta aquí de dietas. Por lo demás, aquello que parece la cola es la cola, las protuberancias con forma de aletas son las aletas, y lo que a simple vista se confunde con el cuerpo en realidad no se confunde ya que aquello es el cuerpo del macropinna microstoma.

¿El pez ve?
No os preocupéis: lejos de enrolarnos en aburridas e interminables discusiones epistemológicas y antropomórficas sobre si ver es ver o si ver no es ver, afirmaremos que el pez ve. Ya habrá tiempo para discutir sobre tan útil pregunta filosófica, pero será después de hablar sobre el Ojos de Barril. Cuando se habla del Ojos de Barril todo puede (o debería) esperar.
Lector sagaz será aquel que ya en mente fragüe la pregunta clave sobre el macropinna microstoma: "Si aquellas que parecen ojos en realidad no lo son, si se ha afirmado que el pez ve y, más aún, si se ha nombrado al pez con el apelativo "Pez Ojos de Barril", ¿por qué hasta el momento de los ojos nada más que no están donde parecen estar se ha mencionado?"

En un artículo reciente, Robinson y Reisenbichler (2008), del Monterey Bay Aquarium Research Institute, han reportado la solución a lo que han llamado "la paradoja de los ojos tubulares del macropinna microstoma". Tal paradoja puede resumirse en esta pregunta: "¿cómo hace un pez que sólo puede mirar hacia arriba para cazar con una boca ubicada hacia el frente?" La respuesta fue descubierta al mismo tiempo que un grupo muscular hasta entonces desconocido y encargado de girar los ojos del Ojos de Barril hacia enfrente. Profundizando, hasta antes del trabajo de Robinson y Reisenbichler se creía que el Ojos de Barril era incapaz de girar los ojos y que, por tanto, éstos permanecían siempre orientados hacia la misma dirección, a saber, hacia arriba del pez. Si bien ello permitía explicar cómo el pez ubicaba la comida situada por encima de él, planteaba un serio problema para explicar cómo el pez calculaba la distancia presa-boca al girar el cuerpo para dirigir aquella hacia aquella (o viceversa). El hallazgo del par de investigadores resolvió el conflicto: los ojos del Ojos de Barril no son estáticos sino que tienen la capacidad de girar (¿a voluntad?) cuando menos hacia el frente, y de hecho lo hacen cuando la ubicación de la presa (ya sea por encontrarse frente al pez o porque el pez gire para encontrarse frente a ella) así lo demanda.

Dejando las reflexiones consideradas pertinentes acerca Selección Natural y Dios al lector en ello interesado, concluyo: los ojos del macropinna microstoma son las dos bolas verdes ubicadas en la parte posterior de las fosas nasales y la anterior del cuerpo, en medio de la sección trasparente del pez que es el cráneo y que es trasparente sin ayuda de efectos fotográficos innecesarios y por demás ridículos.
  • Artículo en la Web
  • Robinson, B. H. and Reisenbichler, K. M. (2008) Macropinna microstoma and the paradox of its tubular eyes. Copeia, 4: 780-784.

Toc, toc...

¿Dónde rayos estás?
¿Piensas aparecerte algún día?
¿Volveré a verte aquí, en la facultad, o en cualquier otro maldito lado?

¿Te acordarás de este blog? ¿Regresarás?
Are you still alive?

Notas de clase sobre falsacionismo popperiano

El falsacionismo popperiano hace referencia a la corriente ideológica que sugiere el someter a las teorías científicas a las más duras pruebas a fin de demostrar que son falsas, o incorrectas. Aunque a primera vista tal postura carezca de sentido o de cordura para el lector no familiarizado con el tema, es de notar el hecho de que tal corriente haya marcado un momento crucial en el desarrollo de la empresa científica contemporánea.

¿Qué sentido tiene demostrar que una teoría es falsa?

De acuerdo con Popper, una teoría tiene validez científica en la medida que resiste a los embates en su contra. Si se hallan o diseñan circunstancias en las que la teoría realice una predicción, entonces es posible verificar o refutar la teoría de acuerdo a la situación empírica.
Pondré un ejemplo:
Dada la afirmación "todos los patos son blancos", siguiendo a Popper, habríamos de andar al mundo en busca de patos a fin de comprobar la fuerza de la afirmación (que en este caso se comporta de manera análoga a una teoría completa). No bastaría hallar 10, 100 o 3423423498234 de patos blancos para dar por cierta la teoría, sino sólo para corroborarla. Sin embargo, hallar un pato negro sería suficiente para refutar a la teoría.
¿Cuáles son los criterios, según Popper, para tener una observación como válida?
Popper es convencionalista en el sentido de que propone que la única fuente de validez posible radica en la experiencia intersubjetiva, es decir, en que las observaciones sean compartidas por un grupo de especialistas. Si una cosa es vista de cierta manera por los miembros de una comunidad, entonces esa observación de esa cosa resulta empíricamente válida para Popper.

Justo en ese punto intervino LPG, con su sagacidad para hallar huecos teóricos tan afilada como siempre: "¿y si todos están alucinando?" Claro: tanto para él como para mí el modelo Popperiano resulta sumamente atractivo, aunque tristemente para nada definitivo. Por supuesto que Popper tenía una respuesta y desde luego Ana Rosa la explicó. Evidentemente dejó inconforme a LPG que al igual que yo cada día se siente más decepcionado de la empresa epistémica de la cual había decidido (y no sé si lo mantenga) formar parte. También yo desearía hallar al fin algo firme a qué asirme, pero en la búsqueda, como imagino y estoy casi seguro le sucede, he terminado por perderme sin hallar lo buscado. Eso no impide, por supuesto, que halle otras cosas, pero esa ancla en la que podría sustentarse todo simplemente no aparece, y de hecho cada día tiendo más a pensar que no existe.
Tal vez por ello, o por otra cosa, entiendo (o creo hacerlo) tan bien a LPG. Quizá por ello, o quizá no por ello, nos hemos vuelto buenos amigos.
Y puede ser, como también puede no serlo, que nuestra afinidad y empatía tenga sus bases en este tipo de intereses compartidos, de escepticismo y de humor científico cruel en el que día a día nos gastamos.

September 25, 2009

El exilio

El foro será abandonado de manera definitiva y me regocijo recordándomelo. Me gusta ser cruel conmigo, y el decirme, una y otra vez, que me largaré de aquél lugar del demonio de una vez y para siempre, como el listar las razones (que pueden resumirse en una) por las cuales lo haré, son muestras fehacientes de tan vieja y suculenta costumbre.

Después de nueve meses me acordé de este blog.
¿Después de nueve? Deben ser muchos más ahora.

Hace el tiempo que sea había pensado en compartir mi música conmigo a través de este espacio, y de hecho aquella era casi la única finalidad que perseguía al abrirlo. La idea original también incluía hacer pública su existencia a fin de que no sólo yo disfrutara los beneficios de la música gratuita; quizá los amigos se verían interesados en alguno que otro disco y estarían dispuestos a gastar algunos minutos de su tiempo visitando este espacio y descargando las canciones de sus músicos preferidos.

Pero ahora, dado que antes de publicidad es refugio lo que busco, no estoy seguro de poder mantener las directrices originales del proyecto. A fin de cuentas el tiempo ha pasado y las cosas, como era de esperarse, han cambiado.

Hola, pues, blog. Hola otra vez, pues.