Tengo miedo.
Sólo recuerdo otras dos veces aparte de ésta que me habían dejado presa de tanto pavor. La primera me impidió dormir la noche previa a un examen de secundaria que no era la gran cosa pero que representaba al maestro estricto y enojón al que tener por costumbre reprobar a la mitad del grupo cada período no le quitaba el sueño en absoluto. La segunda tuvo lugar en los primeros días en prepa cinco, cuando un grupo de rufianes posoñozos también llamados "porros" me golpearon un poco. Ambas, estupideces de niños: ¿quién no ha reprobado un examen? ¿quién no se ha peleado en la escuela? Pero lo de ahora, carajo, es mucho más pinche grande.
¿Cómo demonios llegamos a esto? La pregunta es ociosa pero inevitable; la respuesta incomprensible. ¿Qué más pudiera haber sido dicho? Nada. Al menos tú y yo dijimos hasta la última palabra. ¿Pero la vida? No se puede saber por qué la vida es así.
¿Por qué la vida es así? Si fuera sencilla, si fuera simple, si fuera tranquila, qué bonito sería. Estoy en total desacuerdo con aquellos que dicen que sin los peligros y caídas lo demás sería o no sería no-sé-qué: me quejo de que la vida sea difícil. Pero aún con queja lo es, y supongo que no puedo hacer nada para cambiarlo.
¿Cómo se debe afrontar el día siguiente?
Maldita sea, si lo supiera...