June 01, 2013

Grecia

No quiero olvidarte. No puedo. Llegaste como el rayo a partirme los huesos y heme aquí con los huesos destrozados, con el alma y el corazón hechos pedazos, y con tu recuerdo que poco a poco se vuelve borroso y amenaza con difuminarse entre tinieblas llenando mi cabeza, mi mundo y mi vida. No quiero olvidarte, no podré vivir sin ti. 
Nunca más jugaré con nadie, nunca más reiré tanto como reímos esa tarde. No volveré a ser niño si no es contigo, no quiero ser niño si no es contigo. Y no lo seré nunca más porque has desaparecido, porque inevitablemente te has marchado y porque nuestras vidas no tienen por qué volver a cruzarse. 
Y mientras pienso todo esto y concluyo que simplemente llegué demasiado temprano a este mundo (porque tú no pudiste llegar en mejor momento), tus carcajadas todavía encuentran eco dentro de mi cráneo, todavía suenan claras, escandalosas, puras, limpias, sinceras, incontrolables. Y mientras pienso esto y concluyo, me dan ganas de quitarme el cerebro para no pensar más, para hacer espacio y que el eco suene mejor, para que se quede ahí, para que no se vaya nunca, para no seguir, para detenerme de una vez por todas y quedarme contigo, con lo que queda de ti y nada más dentro de mi cabeza. No necesito otra cosa, y si la necesito entonces no vale la pena.
Jugamos a escondernos y jugamos a encontrarnos, y paradójicamente te he perdido para siempre ahora que el juego ha terminado. De regreso a la vida real, a la crueldad cotidiana que esta vez se lleva tus ojos, tu pelo y tus pasos ligeros, esas hermosas botas que se ven tan bien cada vez que brincas emocionada y te retuerces antes de echar a correr entre las plantas, bajo la escalera, detrás del auto, en el taller, en el patio y en la casa que no volverá a ser la misma, que a partir de hoy está condenada a estar siempre vacía, irremediablemente vacía, terriblemente vacía, insoportablemente vacía, y la mirada que me paraliza cada vez que me descubres detrás de las cortinas en pleno ridículo para ti, exclusivamente para ti y tu mirada, no puedo hacer otra cosa que extrañarte.
Y amarte con todas las fuerzas que me quedan.
 Nunca nos saludamos, jamás nos despedimos. Llegaste y te fuiste como el rayo. Llegaste, te fuiste, y me hiciste el hombre más feliz de este planeta entretanto. Llegaste, te fuiste, y yo fui tan feliz entretanto. Llegaste. Te fuiste. Fui feliz entretanto. Llegaste; te fuiste; partiste mis huesos como el rayo. Llegaste, reíste, fui feliz, te fuiste; nada volverá a ser igual; llegaste y te fuiste como el rayo.

No comments: