Últimamente me obsesiona esta idea: Hay momentos que son completamente olvidados, que se pierden para siempre porque nadie los recuerda. Son momentos sobre los cuales nadie hablará, escribirá, cantará, pintará o bailará. Son momentos que dejaron de existir, que no están en ningún lado, aunque en algún lado estuvieron.
El caso más claro involucra a dos personas, las que sean: Algún señor atendiendo alguna farmacia, quizá un conductor de microbús, o ese peatón que tan indiferente como yo que se cruzó conmigo y me vio, nos vimos, y nos olvidamos en el instante que tan cotidiano y por tanto harto aburrido fue fácil desechar, completely disposable. ¡Paf!, tan rápido como ocurrió el suceso fue olvidado y desapareció, qué remedio.
La idea es engañosa y lo tienta a uno a buscar dentro de los propios recuerdos un ejemplo claro de dicha situación. Me tardé en comprender que lo único que hallaría serían ejemplos parcialmente opuestos (como me gusta llamarlos): Encuentros casuales y perfectamente irrelevantes que por alguna razón sobreviven al olvido y se quedan pegados a la memoria como chicles masticados, o mocos de esos pegajosos: No importa si la señora del metro de hace dos meses, tan gris y plana ella, se acuerda de mí: Yo la recuerdo, y el momento (o sus remanentes unilaterales, si hay que ponerse estricto) sobreviven en algún sentido metafísico (y fenomenológico, qué diablos). Pero de los otros, de los que se van, no puede haber pista alguna por definición, porque de eso se trata, porque ahí está el truco y porque eso los hace atractivos e interesantes: 1) Sé que olvido cosas, 2) sé que los demás olvidan cosas, 3) es probable que algún momento (de tantos) haya sido olvidado por todos sus protagonistas y testigos, 4) (sobre todo si nomás fueron dos), 5) por lo tanto, de tantos momentos es casi seguro que al menos uno ya no se encuentre ni en mis recuerdos ni en los ajenos, y 6) no hay nada que yo ni nadie pueda hacer para rescatarlo.
Seguramente pasa todo el tiempo: Sé que olvido gran parte del día y no creo ser particularmente privilegiado en mis dotes antimemorísticos... pero sé que gran parte de lo que olvido del día es la parte trivial. Lo realmente relevante se queda por ahí, quién sabe dónde pero por ahí se queda. (Sólo) Con esto en mente es difícil entender por qué un descubrimiento tan simple (y obvio en retrospectiva) causa tal sensación como para hacerme escribir (a mí, caray) la palabra esa 'obsesión'. La razón es que cuando uno cae en cuenta de que 7) no puedo controlar qué olvido y qué no, no hay manera de saber si alguno (o cuántos, o cuáles) de los momentos importantes han abandonado para siempre esta cosa de existencia.
Pienso en las noches de cama, sudor y pelos, y en lo que pasa después: En esas pláticas encueradas en las que es difícil ocultar cualquier cosa. Siempre me ha gustado pensar que no hay mejor manera ni momento para conocer a alguien, con todo y lo estúpido que suena la analogía esa de la desnudez.
¿Cuánto de ello no existe más? ¿Cuántos detalles se han borrado para siempre sin apenas notarlo? ¿Y quién los recibe del otro lado del espejo (porque tienen que ir a parar en algún lado)? ¿Quién conoce todo eso que se olvida, y qué hace con ello?
June 26, 2013
June 18, 2013
What is it like to be a fish?
De nuevo despertó. La realidad seguía ahí, o al menos esa parte que aparece al despetar y que se queda todo el día. 'La realidad', murmuró, 'todo esto tiene que ser real, de alguna manera'.
Le divertía pensar que, después de todo, no era más que un perro persiguiendo su propia cola, dándole vueltas al café sin azúcar, buscando respuestas en donde no hay preguntas. 'Basta ponerse flexible, decir que lo real es esto y lo otro y aquello y etcétera y obviamente todo es real, o nada, o lo que se quiera, pero la cuestión no es esa'. Y, desde luego, no lo era. Pero por alguna razón (porque tenía que haber alguna, ¿verdad?) nunca bastaba comprenderlo y el asunto realmente importante siempre terminaba en el jueguito de palabras sin sentido y la imagen del perro entusiasmado, jadeante y baboso.
A veces, generalmente cuando se tomaba el asunto en serio, la diversión se transformaba en nostalgia y las respuestas se volvían necesarias, obligadas; 'porque al margen del nombre que uno le ponga a eso que está ahí todo el día, la cuestión es que está... ¿cómo-rayos-está?'
'¿Y dónde?'
En el pacífico norte, entre 600 y 800 metros de profundidad, vive un pez fabuloso. Se llama macropinna microstoma. Su cráneo es transparente... 'y lo mismo que la luciérnaga: basta suponerle una conciencia y el privilegio, con todo y quién sabe cuánta agua encima, debe sentirse en algún lado. ¿Pero dónde, cómo... y por qué no aparece en las fotos que retratan perfectamente la transparencia del cráneo?'
A veces, generalmente cuando se tomaba el asunto en serio, la diversión se transformaba en nostalgia y las respuestas se volvían necesarias, obligadas; 'porque al margen del nombre que uno le ponga a eso que está ahí todo el día, la cuestión es que está... ¿cómo-rayos-está?'
'¿Y dónde?'
En el pacífico norte, entre 600 y 800 metros de profundidad, vive un pez fabuloso. Se llama macropinna microstoma. Su cráneo es transparente... 'y lo mismo que la luciérnaga: basta suponerle una conciencia y el privilegio, con todo y quién sabe cuánta agua encima, debe sentirse en algún lado. ¿Pero dónde, cómo... y por qué no aparece en las fotos que retratan perfectamente la transparencia del cráneo?'
June 14, 2013
Table Dynamics
a. Comentarios Generales
Vivir en sociedad cada vez se vuelve más complejo y delicado, y también repugnante y asqueroso, al menos cuando se vive en la sociedad equivocada.
Y es el hedor lo que hace fácil distinguir entre la sociedad correcta y la incorrecta, lo que vuelve sencillo saber si uno está en el lugar indicado o no. El hedor que se siente desde lejos, desde antes del encuentro, los saludos, la plática y etcéteras. Es el hedor que emana desde que la mera idea cruza la cabeza: "aquí apesta a sociedad equivocada", y que se vuelve fuerte y después insoportable cuando coherentemente la sociedad incorrecta no deja de serlo. Y es el hedor que lo persigue a uno durante mucho tiempo después de que la sociedad en cuestión le ha dejado solo, el hedor que se vuelve parte de mí, que absorbo en cada encuentro de estos, y que no me puedo quitar de encima.
¿Cuándo dejé de hacer caso a esa punzada que dice "no, no vayas"? ¿Cuándo se me ocurrió que quería ser parte de ellos? ¿Y qué haré ahora que recuerdo que no, que no quiero convertirme en nada parecido porque los detesto, a todos y cada uno, con toda mi alma?
b. Puntualizaciones Puntuales
En realidad, no a todos. En realidad detesto a pocos, pero cuando los recuerdo el asco es tan grande que parece que detesto a todos. En realidad fue una buena tarde: buen motivo, buen lugar, buena comida y, carajo, hasta buen clima. Pero la sociedad incorrecta apareció y con ella se fue todo a la chingada.
V:
Quite easy to grasp what's going on with you, man: Un día despertaste y descubriste que tu vida apestaba y, peor, de inmediato te convenciste de que no había nada que pudieras hacer para cambiarla. Serious mistake, porque eso te llevó a buscar felicidad fuera de ti, de lo que tienes y lo que eres. Casi puedo verte contemplando escaparates y preguntando ilusionado cuánto cuesta esa felicidad que exhibe la modelo tan bonita sólo para escuchar desconsolado el precio y caminar desconsolado de regreso a tu casa, pensando (correctamente) que en realidad no necesitas más felicidad que la que puedes extraerle al paseo peatonal vespertino pero perfectamente consciente de que no sabes cómo hacerlo, de que no sirve intentar convencerte porque la felicidad simplemente no aparece ni en el paseo ni en la casa ni en ningún lado. Casi te imagino subiendo las escaleras del departamento llegando a la conclusión, una vez más, de que en realidad deberías ser feliz porque tienes todo lo que en algún momento pensaste que podrías querer o necesitar para alcanzar tan absurdo y ambicioso propósito: trabajo, esposa, el coche, el gato... y ya. Y casi escucho la confesión silenciosa justo antes de abrir la puerta y entrar a tu casa: "no tengo nada, no quiero lo que tengo". No era para menos: tu vida en realidad apesta y deberías hacer algo por cambiarla.
Sé que no sabes qué quieres porque no puedes mirar a nada ni a nadie con interés sincero, con alegría. Es como si buscaras todo el tiempo, es como si esperaras que algo te indicara inequívocamente que eso, lo que sea que cruce tu campo visual en ese momento, es la solución al sentimiento de vacío que ya no soportas. Es como si no entendieras por qué tarda tanto en aparecer la felicidad, por qué no sucede ese evento inconfundible que te llevará automáticamente a divorciarte, vender el coche, matar al gato, demoler el depa y empezar de nuevo sin rumbo, sin miedo y feliz. Y en realidad no entiendes que la vida no funciona así.
Por eso te cuesta tanto trabajo entender a K. Por eso no sabes qué hacer con ella. Por eso eres tan torpe cuando intentas conquistarla estúpidamente frente a todos y por eso es tan fácil para K burlarse tan tiernamente de tus pendejadas inútiles. Por eso eres tibio, tibiecito como esa maldita sopa con la que es imposible quemarse. Por eso te mantienes al margen, asumiendo (erróneamente) que si no corres ningún riesgo el asunto no puede mejorar pero tampoco empeorar, y rematando (como si remataras los clavos de tu ataúd desde ahora) con la conclusión de que, "luego entonces (seguramente tú se lo enseñaste a M, o lo aprendiste de M, par de infelices), si no me arriesgo no puedo perder el cachito de felicidad que medio alcanzo a mendigar". ¿Resultado? I'm sure you know it better than me: Terminas cansado de correr tras la zanahoria que tú sólo has atado a tu lomo, decepcionado de ti mismo y de la vida tan injusta que cómo no reconoce el esfuerzo y la trayectoria sobresalientes que te caracterizan con K o A o quién sea envuelta para regalo con todo y moñito coqueto, y que en cambio premia a ese holgazán Luis que no sabe un carajo de análisis experimental, que no corre experimentos, que no se titula y que habla con tantas grocerías; que hace preguntas tan imprudentes, que tutea a tal y que no tutea a tal; que apenas conoce y ya se ríe y hace reír sin importarle que yo esté aquí marcando mi territorio como-selección-natural-indica-que-debo-de-hacerlo. Maldito Luis, ¿qué carajo le pasa?
Y después es el camino a casa con estas y más preguntas en la cabeza, y sobre todo con situaciones imaginarias en las que, victorioso, consigues ponerme en ridículo. O, mejor aún porque así ni cómo la vida podría reclamarte, situaciones imaginarias en las que yo sólo y gracias a mis innumerables defectos y errores, me pongo en ridículo y tú salvas la tarde. Sí, eso suena mejor: "V el héroe, el mártir, el sabio en el que debimos confiar desde el inicio pero más vale tarde que nunca... perdón V, acepta nuestras almas como disculpa", y después los besos con ___ (llene al gusto), el divorcio, lo del gato, etcétera...
Y, mientras, la vida pasa, se te escapa entre los dedos, porque al caminar rápido y con estas ideas en la cabeza, miras a todo y a todos como si buscaras constantemente, como si no pudieras verlos... como si fueras más feliz en tus sueños y no te dieras cuenta. No te culpo: también me pasa. Pero la diferencia entre tú y yo es que yo estoy dispuesto, o al menos he aprendido, a tolerar el putazo que se siente de vuelta a la realidad. Tú no, y por eso eres tan infeliz como sólo tú sabes que eres.
Señor GyD:
Este, mire, voy a ser muy sincero con usted aunque no lo conozca porque su caso es verdaderamente patético. No es el más patético de la mesa, eso sí, pero es que usted se ve peor, como que llama mucho la atención porque ni lo conocemos y entonces andamos de fijados.
Le voy a comentar que se ve realmente mal por dos hábitos que se ve que mamó de su madre o vaya usted a saber de quién chingaos, pero de que los mamó los mamó: Uno es eso de andar lamiéndole los huevos a la gente de aquí y el otro es andar de perro con mis compañeras, no mame. Todavía fuera discreto pus igual y pasa, pero chale, nomás asiente como si quisiera seguir mamando cada que alguien habla, y, dependiendo de si son ellos o ellas, les da el avión en su respectivo género y luego casi casi pide unos besos o un huesito que les sobre por ahí. Y pa' terminar de chingar nos trata mal a nosotros nomás porque somos estudiantes. Pus está jodido, ¿o no? Pus sí, está jodido. Y no, no se preocupe, no me tiene que responder. Nomás le dije esas dos cosas porque su caso es realmente patético y chido, ai' nos vemos.
c. Mentadas de Madre
DR: No te mando a chingar a tu madre nomás porque sé lo que es estar en tus zapatos pero tampoco te las mames... o bueno sí, total...
V: Same as usual, man: te fuiste, te vas, y te seguirás yendo ahí adónde ya sabes que te puedes ir en lo que a mí respecta...
Señor gordo y desconocido: váyase usted a chingar a su madre y asegúrese de que su vida nunca esté en mis manos porque jure que dejo que se lo lleve la puta chingada.
E: Eres un pinche chingón, la neta, y te la supiste... esta es como que una mentada de madre de premio, porque eso de los cumpliditos y mamadas de esas pus no van, jaja.
Mí mismo: Vuelves a ir a una de estas sin querer ir a una de estas, pendejo... Chingá, aunque estuvo bien, fue una buena tarde después de todo.
d. Notas de amor
Te extraño tanto cada que esto ocurre que siento que me voy a morir la siguiente vez que me descubra en una mesa con gente de esta insoportable...
Te extraño tanto, preciosa.
Vivir en sociedad cada vez se vuelve más complejo y delicado, y también repugnante y asqueroso, al menos cuando se vive en la sociedad equivocada.
Y es el hedor lo que hace fácil distinguir entre la sociedad correcta y la incorrecta, lo que vuelve sencillo saber si uno está en el lugar indicado o no. El hedor que se siente desde lejos, desde antes del encuentro, los saludos, la plática y etcéteras. Es el hedor que emana desde que la mera idea cruza la cabeza: "aquí apesta a sociedad equivocada", y que se vuelve fuerte y después insoportable cuando coherentemente la sociedad incorrecta no deja de serlo. Y es el hedor que lo persigue a uno durante mucho tiempo después de que la sociedad en cuestión le ha dejado solo, el hedor que se vuelve parte de mí, que absorbo en cada encuentro de estos, y que no me puedo quitar de encima.
¿Cuándo dejé de hacer caso a esa punzada que dice "no, no vayas"? ¿Cuándo se me ocurrió que quería ser parte de ellos? ¿Y qué haré ahora que recuerdo que no, que no quiero convertirme en nada parecido porque los detesto, a todos y cada uno, con toda mi alma?
b. Puntualizaciones Puntuales
En realidad, no a todos. En realidad detesto a pocos, pero cuando los recuerdo el asco es tan grande que parece que detesto a todos. En realidad fue una buena tarde: buen motivo, buen lugar, buena comida y, carajo, hasta buen clima. Pero la sociedad incorrecta apareció y con ella se fue todo a la chingada.
V:
Quite easy to grasp what's going on with you, man: Un día despertaste y descubriste que tu vida apestaba y, peor, de inmediato te convenciste de que no había nada que pudieras hacer para cambiarla. Serious mistake, porque eso te llevó a buscar felicidad fuera de ti, de lo que tienes y lo que eres. Casi puedo verte contemplando escaparates y preguntando ilusionado cuánto cuesta esa felicidad que exhibe la modelo tan bonita sólo para escuchar desconsolado el precio y caminar desconsolado de regreso a tu casa, pensando (correctamente) que en realidad no necesitas más felicidad que la que puedes extraerle al paseo peatonal vespertino pero perfectamente consciente de que no sabes cómo hacerlo, de que no sirve intentar convencerte porque la felicidad simplemente no aparece ni en el paseo ni en la casa ni en ningún lado. Casi te imagino subiendo las escaleras del departamento llegando a la conclusión, una vez más, de que en realidad deberías ser feliz porque tienes todo lo que en algún momento pensaste que podrías querer o necesitar para alcanzar tan absurdo y ambicioso propósito: trabajo, esposa, el coche, el gato... y ya. Y casi escucho la confesión silenciosa justo antes de abrir la puerta y entrar a tu casa: "no tengo nada, no quiero lo que tengo". No era para menos: tu vida en realidad apesta y deberías hacer algo por cambiarla.
Sé que no sabes qué quieres porque no puedes mirar a nada ni a nadie con interés sincero, con alegría. Es como si buscaras todo el tiempo, es como si esperaras que algo te indicara inequívocamente que eso, lo que sea que cruce tu campo visual en ese momento, es la solución al sentimiento de vacío que ya no soportas. Es como si no entendieras por qué tarda tanto en aparecer la felicidad, por qué no sucede ese evento inconfundible que te llevará automáticamente a divorciarte, vender el coche, matar al gato, demoler el depa y empezar de nuevo sin rumbo, sin miedo y feliz. Y en realidad no entiendes que la vida no funciona así.
Por eso te cuesta tanto trabajo entender a K. Por eso no sabes qué hacer con ella. Por eso eres tan torpe cuando intentas conquistarla estúpidamente frente a todos y por eso es tan fácil para K burlarse tan tiernamente de tus pendejadas inútiles. Por eso eres tibio, tibiecito como esa maldita sopa con la que es imposible quemarse. Por eso te mantienes al margen, asumiendo (erróneamente) que si no corres ningún riesgo el asunto no puede mejorar pero tampoco empeorar, y rematando (como si remataras los clavos de tu ataúd desde ahora) con la conclusión de que, "luego entonces (seguramente tú se lo enseñaste a M, o lo aprendiste de M, par de infelices), si no me arriesgo no puedo perder el cachito de felicidad que medio alcanzo a mendigar". ¿Resultado? I'm sure you know it better than me: Terminas cansado de correr tras la zanahoria que tú sólo has atado a tu lomo, decepcionado de ti mismo y de la vida tan injusta que cómo no reconoce el esfuerzo y la trayectoria sobresalientes que te caracterizan con K o A o quién sea envuelta para regalo con todo y moñito coqueto, y que en cambio premia a ese holgazán Luis que no sabe un carajo de análisis experimental, que no corre experimentos, que no se titula y que habla con tantas grocerías; que hace preguntas tan imprudentes, que tutea a tal y que no tutea a tal; que apenas conoce y ya se ríe y hace reír sin importarle que yo esté aquí marcando mi territorio como-selección-natural-indica-que-debo-de-hacerlo. Maldito Luis, ¿qué carajo le pasa?
Y después es el camino a casa con estas y más preguntas en la cabeza, y sobre todo con situaciones imaginarias en las que, victorioso, consigues ponerme en ridículo. O, mejor aún porque así ni cómo la vida podría reclamarte, situaciones imaginarias en las que yo sólo y gracias a mis innumerables defectos y errores, me pongo en ridículo y tú salvas la tarde. Sí, eso suena mejor: "V el héroe, el mártir, el sabio en el que debimos confiar desde el inicio pero más vale tarde que nunca... perdón V, acepta nuestras almas como disculpa", y después los besos con ___ (llene al gusto), el divorcio, lo del gato, etcétera...
Y, mientras, la vida pasa, se te escapa entre los dedos, porque al caminar rápido y con estas ideas en la cabeza, miras a todo y a todos como si buscaras constantemente, como si no pudieras verlos... como si fueras más feliz en tus sueños y no te dieras cuenta. No te culpo: también me pasa. Pero la diferencia entre tú y yo es que yo estoy dispuesto, o al menos he aprendido, a tolerar el putazo que se siente de vuelta a la realidad. Tú no, y por eso eres tan infeliz como sólo tú sabes que eres.
Señor GyD:
Este, mire, voy a ser muy sincero con usted aunque no lo conozca porque su caso es verdaderamente patético. No es el más patético de la mesa, eso sí, pero es que usted se ve peor, como que llama mucho la atención porque ni lo conocemos y entonces andamos de fijados.
Le voy a comentar que se ve realmente mal por dos hábitos que se ve que mamó de su madre o vaya usted a saber de quién chingaos, pero de que los mamó los mamó: Uno es eso de andar lamiéndole los huevos a la gente de aquí y el otro es andar de perro con mis compañeras, no mame. Todavía fuera discreto pus igual y pasa, pero chale, nomás asiente como si quisiera seguir mamando cada que alguien habla, y, dependiendo de si son ellos o ellas, les da el avión en su respectivo género y luego casi casi pide unos besos o un huesito que les sobre por ahí. Y pa' terminar de chingar nos trata mal a nosotros nomás porque somos estudiantes. Pus está jodido, ¿o no? Pus sí, está jodido. Y no, no se preocupe, no me tiene que responder. Nomás le dije esas dos cosas porque su caso es realmente patético y chido, ai' nos vemos.
c. Mentadas de Madre
DR: No te mando a chingar a tu madre nomás porque sé lo que es estar en tus zapatos pero tampoco te las mames... o bueno sí, total...
V: Same as usual, man: te fuiste, te vas, y te seguirás yendo ahí adónde ya sabes que te puedes ir en lo que a mí respecta...
Señor gordo y desconocido: váyase usted a chingar a su madre y asegúrese de que su vida nunca esté en mis manos porque jure que dejo que se lo lleve la puta chingada.
E: Eres un pinche chingón, la neta, y te la supiste... esta es como que una mentada de madre de premio, porque eso de los cumpliditos y mamadas de esas pus no van, jaja.
Mí mismo: Vuelves a ir a una de estas sin querer ir a una de estas, pendejo... Chingá, aunque estuvo bien, fue una buena tarde después de todo.
d. Notas de amor
Te extraño tanto cada que esto ocurre que siento que me voy a morir la siguiente vez que me descubra en una mesa con gente de esta insoportable...
Te extraño tanto, preciosa.
June 06, 2013
No sé muy bien cómo continuar esta carta. Cómo ir más allá de estas oraciones, digamos. Siempre me pasa, ¿te has dado cuenta? Empiezo bien, con decisión, energía y trayectoria, pero de pronto, en algún momento y por alguna razón
Siempre me pasa, en especial cuando estoy contigo. Y cuando pasa, siempre me pregunto cuál sería la mejor manera de señalar esos silencios en una carta. Son silencios especiales y por eso he decidido distinguirlos de los demás, pero aún no sé cómo, al menos no del todo.
Sé que no merecen ser marcados con comas, puntos, o su espesa y viscosa combinación, pues aunque siempre dan lugar a pausas de duración variable, los míos son silencios involuntarios que rebanan oraciones de manera más bien antiestética, torpe y confusa, y por lo tanto aquellos símbolos tan precisos y elocuentes simplemente no merecen el privilegio de indicarlos. Ni hablar de los asquerosos puntos suspensivos que nunca terminan, que nunca empiezan y que nunca
Parece que una buena manera es dejar la oración incompleta sin un carajo de signo de puntuación al final, y comenzar la siguiente en la línea inmediata. Es un buen método en tanto que, al leer el texto a velocidad normal, esos finales inconclusos de hecho suenan como yo hablando: Ritmo, ritmo, ritmo y de pronto ¡paf!, no hay nada más qué decir, ¡paf!, la interrupción justo cuando menos se espera, justo cuando suena tan rara, cuando todo iba tan bien. ¡Paf!, "¿por qué diablos no termina la idea?" Me gusta pensar que sueno como Dream Theater o Symphony X, o como ese maldito genio Gershwin pero eso ya es demasiado. Lo cierto es que los compases irregulares y las secuencias arrítmicas me vuelven loco pero por supuesto eso no tiene nada qué ver con la costumbre de cortar de tajo la idea que tan fluídamente había conseguido colarse a la conversación. Lo cierto es que la manía obedece a algo más irresistible, a esa tentación de pensar por abajo del agua, como pez, pero con el cráneo opaco.
Nunca he intentado escribir lo que pasa cuando otra idea aparece de repente y, por pensarla, abruptamente dejo de decir lo que decía. Imagino que sería simplemente imposible, sobre todo si lo hago siempre que aquéllo pasa. Aunque, siendo honesto, no se me ocurre mejor uso a los paréntesis, y mira que hay ejemplos verdaderamente brillantes que le hacen a uno pensar que no importa cuánto (aunque sí importa, de hecho sí importa porque si no importara (¿hay algo mejor que un contrafactual en este mundo?) entonces media novela podría ir en paréntesis y quiero ver que alguien se atreva (media novela o más bien una completa, otra completa, porque la original ahí está... sería como una continuación, sí... qué mejor continuación de un libro que las partes de la misma historia que no se contaron. Ojo: no es otra historia, no es lo que pasó después o lo que pasó antes, es lo que pasó cuando la primera pero que no se dijo porque sólo podía decirse con paréntesis muy largos y muy confusos y quién va a andar leyendo una novela con paréntesis si (¿tú la leerías?) (quizá en un cuento no sea tan mala idea, en tanto brevedad y esas cosas)), quizá por eso es más fácil encontrar ejemplos musicales, si uno se pone flexible y asume los paréntesis como silencios. Porque el silencio de un paréntesis no es igual al de cualquier otro signo, porque nunca sabes qué vendrá dentro del siguiente: ¿una aclaración corta, una cifra, un párrafo completo, la descripción de tales siglas? Un paréntesis (y quizá también (después de todo) esos malditos puntos suspensivos) te lo puedes tomar con calma, explorarlo y disfrutarlo, sobre todo si no conoces al autor y no sabes qué viene después, y lo mismo pasa cuando escuchas algo nuevo: pum, pum, pumpum, (silencio), pumpum, (silencio), pum, pum, (silencio), pum, (silencio), pumpum, (silencio), pum, pum, pumpum, pum, (silencio) (¿has escuchado a Dream Theater (¡y ahí saco los audífonos y pongo "Breaking All Illusions (instrumental)"! (Y cuando dices que te gusta, "Build Me Up, Break Me Down" (siempre imagino que la toco para ti, por alguna razón siento que la conoces; la tienes que conocer (¿viste como es leeeento el punto y coma?))))? Deberías, creo. En realidad sólo me gusta pensar que te gustaría. Me pregunto si compartes la fascinación por lo accidentado, pero al margen de si te gusta, seguro lo entiendes. Me pregunto si algún día tocaremos juntos (si algún día estaremos juntos, en el sentido (es tu pelo, tu hermoso cabello, lo que tengo en la cabeza todo el día... y tu risa coqueta... pero sobre todo la ligereza con la que andas por la vida, esa manera de caminar que da la impresión de que este mundo es simplemente muy pequeño, o muy poco, o muy sencillo para ti, muy simple y aburrido, y esa facilidad para manejarte, para darle vuelta y media en un abrir y cerrar de ojos, para fulminar como rayo a quién se te ponga en frente porque qué otra cosa podrías hacer con tanto encanto y tanto misterio, y tanto cabello tan fabuloso como el tuyo)), aunque no te imagino cantando aquellas canciones asquerosas y graves cuya guitarra suena tan maldita sea chingona. Parece que no, que lo mejor será aprender un poco de arpegios y acordes y esas cosas francamente aburridas para acompañar a Sheryl Crow, A. Corr o Dolores O'Riordan (let's play "Linger"), y valdrá la pena. Valdría, you know... (Would it? (Siempre me he preguntado si la duda te molesta... mera curiosidad de gato.) I'm sure it would. (Then what? Then, let's play... let me hear your voice, let me taste your breath, and smell your sweat. Take me to the place where you go, where nobody knows if it's night or day.))))
June 02, 2013
Esa maldita capacidad para leer entre líneas, esa punzada que avisa cuando algo no está bien. Es como jugar ajedrez a oscuras, como apostar en cartas. Y es tan precisa, maldita sea, que la odio.
Casi puedo contar la historia paso a paso, casi puedo enumerar cada una de las ideas en el orden en que aparecieron, y casi puedo jurar que conozco el desenlace desde ahorita. "Eso no se puede conocer desde antes, en todo caso serás profeta que la cumple solo", alguien dirá. Bah, patrañas...
Porque es realmente fácil ver todo desde fuera, entender adónde se mueve y por qué. Me conozco mejor de lo que me gustaría conocerme, y basta tener una vaga idea de los demás para armar el rompecabezas y adivinar el futuro.
Una mierda, si me preguntas... le quita emoción al asunto.
Casi puedo contar la historia paso a paso, casi puedo enumerar cada una de las ideas en el orden en que aparecieron, y casi puedo jurar que conozco el desenlace desde ahorita. "Eso no se puede conocer desde antes, en todo caso serás profeta que la cumple solo", alguien dirá. Bah, patrañas...
Porque es realmente fácil ver todo desde fuera, entender adónde se mueve y por qué. Me conozco mejor de lo que me gustaría conocerme, y basta tener una vaga idea de los demás para armar el rompecabezas y adivinar el futuro.
Una mierda, si me preguntas... le quita emoción al asunto.
June 01, 2013
Grecia
No quiero olvidarte. No puedo. Llegaste como el rayo a partirme los huesos y heme aquí con los huesos destrozados, con el alma y el corazón hechos pedazos, y con tu recuerdo que poco a poco se vuelve borroso y amenaza con difuminarse entre tinieblas llenando mi cabeza, mi mundo y mi vida. No quiero olvidarte, no podré vivir sin ti.
Nunca más jugaré con nadie, nunca más reiré tanto como reímos esa tarde. No volveré a ser niño si no es contigo, no quiero ser niño si no es contigo. Y no lo seré nunca más porque has desaparecido, porque inevitablemente te has marchado y porque nuestras vidas no tienen por qué volver a cruzarse.
Y mientras pienso todo esto y concluyo que simplemente llegué demasiado temprano a este mundo (porque tú no pudiste llegar en mejor momento), tus carcajadas todavía encuentran eco dentro de mi cráneo, todavía suenan claras, escandalosas, puras, limpias, sinceras, incontrolables. Y mientras pienso esto y concluyo, me dan ganas de quitarme el cerebro para no pensar más, para hacer espacio y que el eco suene mejor, para que se quede ahí, para que no se vaya nunca, para no seguir, para detenerme de una vez por todas y quedarme contigo, con lo que queda de ti y nada más dentro de mi cabeza. No necesito otra cosa, y si la necesito entonces no vale la pena.
Jugamos a escondernos y jugamos a encontrarnos, y paradójicamente te he perdido para siempre ahora que el juego ha terminado. De regreso a la vida real, a la crueldad cotidiana que esta vez se lleva tus ojos, tu pelo y tus pasos ligeros, esas hermosas botas que se ven tan bien cada vez que brincas emocionada y te retuerces antes de echar a correr entre las plantas, bajo la escalera, detrás del auto, en el taller, en el patio y en la casa que no volverá a ser la misma, que a partir de hoy está condenada a estar siempre vacía, irremediablemente vacía, terriblemente vacía, insoportablemente vacía, y la mirada que me paraliza cada vez que me descubres detrás de las cortinas en pleno ridículo para ti, exclusivamente para ti y tu mirada, no puedo hacer otra cosa que extrañarte.
Y amarte con todas las fuerzas que me quedan.
Nunca nos saludamos, jamás nos despedimos. Llegaste y te fuiste como el rayo. Llegaste, te fuiste, y me hiciste el hombre más feliz de este planeta entretanto. Llegaste, te fuiste, y yo fui tan feliz entretanto. Llegaste. Te fuiste. Fui feliz entretanto. Llegaste; te fuiste; partiste mis huesos como el rayo. Llegaste, reíste, fui feliz, te fuiste; nada volverá a ser igual; llegaste y te fuiste como el rayo.
Subscribe to:
Posts (Atom)