October 04, 2009

J

No puedo soportar el vacío que me queda después de tu partida. Es tan grande, y el dolor tan fuerte, que prefiero ser yo el primero en largarme. Dejar la escena tras apenas avisar, sin despedirme y sin voltear, como tú, con tal de no tener que escucharte decir adiós una vez más...
Soy el que cobardemente huye de tu partida buscando hacerte daño, castigarte, lacerarte; busco que me pidas lo que yo no me atrevo a pedirte: que te quedes, que no te vayas.
Porque yo no puedo vivir más sin ti.

Aquí estoy, de nuevo, lamentando tu ausencia. Trato de pensar en cualquier cosa antes de volver sobre ti, pero es inútil. Todos los intentos que hago, sean decididos o titubeantes, están condenados al fracaso, e invariantemente logras colarte una y otra vez en mi cabeza. Me pregunto qué haces, qué sientes y qué piensas. O en quién. Y es ahí cuando prefiero probar con otra cosa, habiendo tantas: el idioma, la escuela, o el último dato posmoderno extraído de donde sea. Pero ninguna idea, por deslumbrante que al principio se muestre, logra opacar el brillo de tu sonrisa. De tu hermosa y fantástica sonrisa que bien podría contemplar toda la vida sin conocer de nuevo el agotamiento ni la fatiga, ni el aburrimiento ni el hastío.

¿Cuánto durará éste amor tan grande que día a día no para de crecer? ¿Cuántas horas, minutos, y segundos pasarán antes de que... ¿de que qué? ¿Qué podría pasar? ¿Qué podría haber entre tú y yo? ¿Podría acaso haber algo? ¿O sería mejor tumbarme en la cama y simplemente dejarme morir, para dar cause definitivo al asunto y decapitar de a poco, pero de una vez por todas, aquella esperanza tan remota que en los últimos días funciona como salvavidas en medio de la mar?

Aunque para el náufrago eres mucho más que un pedazo de goma con aire inflado. Tu solo recuerdo basta para hallar felicidad lo mismo en las letras, canciones y poemas, que en las caminatas cotidianas, o incluso debajo de la cama. Y bastaría, llegado el caso de hallarse el marinero en alta mar y sin barco, flotando a su suerte en medio de la nada y de tanta agua salada como sólo en alta mar puede uno encontrarse, para consolarle cuando nada más queda; cuando la historia toca su fin, cuando las puertas se han cerrado y no queda más que aguardar la última salida, ¿no sería suficiente tu recuerdo para animar al desamparado, para calmar al ansioso, o para redimir al aferrado?

Quién pudiera por siempre recordarte.

No comments: