It's a question about the fucking mechanism, goddamn it; a question about how this works.
It's the question: What's the point of all this? What's the goal?
Eso que le llaman conciencia, eso que es la experiencia y las memorias que me recuerdan que no hay nada me tienen harto; el saber que este mundo con todo y su maravillosa complejidad puede irse a chingar a su madre sin provocar la mínima fluctuación en el universo tan grande. Y tan vacío, siempre tan vacío, chingao. No quiero nada; todo se puede ir al maldito puto carajo.
Basta de atole: vivo en la miseria y me siento miserable porque no soy capaz de conformarme con tan poco. Quiero más, quiero todo, y estoy condenado al callejón sin salida por eso: Porque no importa si es ella o si es la academia o si es la vida: Nada es suficiente, nada puede serlo.
El callejón, maldita sea, otra vez el estúpido callejón. La desesperación, las ganas de gritar, de correr toda la noche con la esperanza de amanecer en algún lugar diferente, perdido; de partir a ciegas esperando olvidar el camino de regreso. Escapar. Huir. Acaso lo único suficiente en este mundo es el dolor.
¿Dónde quedó el "shushurú" y las rutas de viaje que jamás seguí? ¿Adónde fui a parar cuando decidí que esta vida había que vivirla en serio? ¿Aquí? ¿Así? ¿Esto es todo lo que conseguí después de todos estos años? ¿Qué pasó con eso del eterno retorno? ¿No estaba decidido que la levedad y el peso no tendrían por qué ser opuestos?
¿Es tan difícil verlo? ¿Es tan difícil entenderlo? ¿Es tan difícil tolerarlo?
Nunca he sabido si la prisión verdadera está delimitada por el cráneo o por tantas paredes por todos lados. Tantos estúpidos cubos, tantos cuadros.
Nunca he sabido cómo romperla, cómo escapar; hace mucho que no me siento libre.
Y necesito libertad, necesito saber que no hay barreras porque de lo contrario nada importa, porque de lo contrario da lo mismo aquí y ahora que en la luna o en marte dentro de ochenta años, lo mismo pensar que vegetar drogado, lo mismo guardar esperanza que rendirme de una vez. Y no quiero, no puedo redirme porque entonces nada ha valido la pena, nada tiene sentido y no somos otra cosa que bichos insignificantes en un planeta que camina sin sentido hacia su irremediable final.
Y cuando no hay a qué asirse, cuando el callejón llama otra vez, cuando parece que ni la lluvia servirá de consuelo, caray: Cómo te necesito, cómo te extraño.
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