July 11, 2013

...pero de todo eso que el mundo tiene para ofrecer, lo último que necesito es condescendencia. Sería el colmo, el maldito colmo que, encima de ser un don nadie, el mundo me lo eche en cara como diciendo "sí, eres un don nadie, pero no te preocupes porque aquí estamos para condescenderte", y el "condescenderte" acompañado de un par de palmaditas en la espalda. No lo necesito y no lo quiero porque me recuerda lo débil que soy y me hace sentir piojo aunque no lo sea.
Prefiero cualquier cosa antes que sentir que la vida se acomoda lastimosamente a mis intereses sólo para (irónicamente) no lastimarme, que cede por mi bien, como si fuera un muñequito de porcelana frágil y delicado, como si me cuidara de cualquier roce para no romperme, como si moviera con precaución el vaso de agua para evitar que una sacudida brusca la derrame pero no por amor al agua y a la porcelana sino porque mejor evitar el desastre porque qué hueva limpiar el charco y barrer los escombros. No, carajo, todo menos eso.
Y eso tan transparente y tan claro, tan diferente de todo lo demás, tan, tan... tan molesto. Y yo que desde fuera debo verme tan como el idiota que no soy nunca sé qué hacer ni cómo reaccionar al sentir condescendencia porque lo mismo me dan ganas de gritar que no soy un idiota como de aclarar que no es necesario tanto esfuerzo condescendiente como de preguntar si realmente parezco idiota como de entender por qué tanta condescendencia últimamente.
Seguro tiene que ver con la tibieza con que hago las cosas, con mi postura ligeramente (¿o de plano demasiado?) encorvada, con tanta estupidez que digo tan estúpidamente y con esa manía tan incisiva de buscar aprobación desesperadamente. Fácil entender por qué parezco idiota, fácil entender por qué parezco débil. ¿Pero por qué ser condescendiente? ¿Para qué? ¿Qué se gana, qué no se pierde? Nada, realmente.

No comments: