July 11, 2013

VII.
Y notar cómo en cualquier plática examinas con cuidado y sin miedo a quién que se te ponga enfrente hasta hacerle temblar, hasta que sufra mientras tú como la fresca mañana, y disfrutar cuando con la misma ligereza y facilidad te basta una sonrisa, una mirada o una frase para desaparecer la tensión y conquistarle de nuevo.
Y seguirte a paso veloz lo mismo por las calles que durante las escaleras que a través del pasto, como si hubiera algún tipo de prisa pero no es prisa sino que simplemente no hay por qué perder el tiempo porque si vas a algún lugar lo mejor es llegar rápido porque no hay razón para llegar lento. Y paso tras paso, siempre atrás, aguantar hasta hartarte y verte perder la paciencia pero disimularlo delicadamente, voltear tan tierna y enojada y reclamar sin reclamarlo que otra vez camino lento, que me apure... que está bien, que por esta vez puedes aguantar. Y empezar a caminar otra vez intentando ajustarte a mi ritmo y verte pensar, un par de pasos más tarde, que no tienes por qué aguantar el paso de nadie y que realmente te cuesta entender por qué vamos tan lento si podemos caminar más rápido. Y acelerar voluntaria o involuntariamente lo mismo por las calles que durante las escaleras que a través del pasto que por el parque que por la plaza; en el metro; por la vida.
Y sentir la mirada preguntona tan fuerte y certera. Y siempre tan irresistible. Y confesarte mi vida por pedazos porque cómo podría no hablar, no decirte. Y escucharte escuchar como sólo tú escuchas.
Y verte.
Besarte.
Y acariciar tus brazos otra vez, ratita.

No comments: