¿Qué hay 600 metros bajo el nivel del mar?
Entre otras cosas, quizá no tan extrañas y peculiares, vive el Pez Ojos de Barril. Este extraño animal suele alimentarse de kril o de peces pequeños. Pero no son los hábitos alimenticios del pez lo que nos atañe, al menos en cuanto al equilibrio nutricional del animal acuático, ya que existen tantas especies que los comparten que el interesarse o, peor, preocuparse por ellos, lejos de revelar un genuino y puro sentido curioso, daría cuenta de un ímpetu más bien ñoño. En cambio, si nos interesamos en la alimentación del pez guiados por la pregunta de cómo obtiene el alimento del que se alimenta, el asunto cambia radicalmente puesto que tal cuestionamiento nos lleva casi de inmediato a examinar los aparatos sensoriales de los cuales el pez se vale para interactuar con el mundo en el cual se halla su comida.
Y llegado tal punto la alimentación del pez pasa a ser (o debería, en caso de no ser ñoño) asunto irrelevante. Totalmente ofuscada termina cualquier peculiaridad nutritiva cuando a 600 metros bajo el nivel del mar, iluminados por una nunca tan útil lámpara (en genérico; sea reflector o fogata lo trascendente estriba en el haz de luz producido) contemplamos al pez que (tal cual se esperaba de un pez que bajo ninguna circunstancia puede ser ñoño) antes de buscar alimento ha decidido posar para nuestra nunca tan útil cámara.
¿Qué más queda aparte de fotografiar?
Contrario a lo que la errada y útil intuición podría sugerir, los dos puntos oscuros que destacan por encima de lo que sí es una boca (cabe aclarar, hablando del macropinna microstoma, qué es lo que parece que es y qué no lo es) no son los ojos sino las ventanas nasales del animal. Tal cual se ha mencionado, aquello que por abajo de aquellas parece una boca es, de hecho, la (única) boca del animal. Y hasta aquí de dietas. Por lo demás, aquello que parece la cola es la cola, las protuberancias con forma de aletas son las aletas, y lo que a simple vista se confunde con el cuerpo en realidad no se confunde ya que aquello es el cuerpo del macropinna microstoma.
¿El pez ve?
No os preocupéis: lejos de enrolarnos en aburridas e interminables discusiones epistemológicas y antropomórficas sobre si ver es ver o si ver no es ver, afirmaremos que el pez ve. Ya habrá tiempo para discutir sobre tan útil pregunta filosófica, pero será después de hablar sobre el Ojos de Barril. Cuando se habla del Ojos de Barril todo puede (o debería) esperar.
Lector sagaz será aquel que ya en mente fragüe la pregunta clave sobre el macropinna microstoma: "Si aquellas que parecen ojos en realidad no lo son, si se ha afirmado que el pez ve y, más aún, si se ha nombrado al pez con el apelativo "Pez Ojos de Barril", ¿por qué hasta el momento de los ojos nada más que no están donde parecen estar se ha mencionado?"
En un artículo reciente, Robinson y Reisenbichler (2008), del Monterey Bay Aquarium Research Institute, han reportado la solución a lo que han llamado "la paradoja de los ojos tubulares del macropinna microstoma". Tal paradoja puede resumirse en esta pregunta: "¿cómo hace un pez que sólo puede mirar hacia arriba para cazar con una boca ubicada hacia el frente?" La respuesta fue descubierta al mismo tiempo que un grupo muscular hasta entonces desconocido y encargado de girar los ojos del Ojos de Barril hacia enfrente. Profundizando, hasta antes del trabajo de Robinson y Reisenbichler se creía que el Ojos de Barril era incapaz de girar los ojos y que, por tanto, éstos permanecían siempre orientados hacia la misma dirección, a saber, hacia arriba del pez. Si bien ello permitía explicar cómo el pez ubicaba la comida situada por encima de él, planteaba un serio problema para explicar cómo el pez calculaba la distancia presa-boca al girar el cuerpo para dirigir aquella hacia aquella (o viceversa). El hallazgo del par de investigadores resolvió el conflicto: los ojos del Ojos de Barril no son estáticos sino que tienen la capacidad de girar (¿a voluntad?) cuando menos hacia el frente, y de hecho lo hacen cuando la ubicación de la presa (ya sea por encontrarse frente al pez o porque el pez gire para encontrarse frente a ella) así lo demanda.
Dejando las reflexiones consideradas pertinentes acerca Selección Natural y Dios al lector en ello interesado, concluyo: los ojos del macropinna microstoma son las dos bolas verdes ubicadas en la parte posterior de las fosas nasales y la anterior del cuerpo, en medio de la sección trasparente del pez que es el cráneo y que es trasparente sin ayuda de efectos fotográficos innecesarios y por demás ridículos.
- Artículo en la Web
- Robinson, B. H. and Reisenbichler, K. M. (2008) Macropinna microstoma and the paradox of its tubular eyes. Copeia, 4: 780-784.
1 comment:
Qué, obvio que ve!
El ciego también ve... son sólo distintas concepciones de lo que es ver, al final, es todo el aparataje y el circuito neuronal el que nos engaña... maravilloso, aunque vemos lo que estamos limitados a ver...
Besos, abrazos, gatos, y todas esas cosas...
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