Despertó con letargo y ni siquiera un vaso de zumo de naranja fue suficiente para alertarlo.
A manera de preparación intelectual para hacer frente al día, retomó la descripción del macropinna microstoma aún metido entre las sábanas.
El macropinna microstoma es un pez fabuloso. Vive entre 600 y 800 metros de profundidad, en los mares del norte. Pertenece a la familia de los opisthoproctidae, y como tal ostenta un par de ojos tubulares, llamados así porque tienen forma de tubo, aunque a un vistazo rápido sólo sean visibles los lentes esféricos que los coronan.Entre otras peculiaridades, el macropinna resulta visualmente impactante para el observador no familiarizado debido a que su cráneo es trasparente. Se piensa que los ojos del macropinna se hallan dentro de la membrana...
Aunque había comenzado fenómeno, después de un par de miserables párrafos la descripción del macropinna había conseguido hartarle. Últimamente todo le hartaba.
Cada vez sucedía con mayor frecuencia: las letras se negaban pronto y le obligaban a detenerse así, dejando párrafos a medias y un montón de ideas enmarañadas en la infinidad del hiperespacio.
Pero la cama estaba bien, así que, después de un pequeño descanso que ocupó en estirarse y hacer tronar los huesos de sus dedos, decidió probar con el nuevo ensayo sobre el pastel imposible.
Si aceptamos que el flan y el pan son inconmensurables entre sí, tras un breve análisis de algunos otros postulados kuhnianos relacionados, nos será evidente que la última acción pertinente de entre todas las que nos son posibles, consiste en colocarlos juntos, casi mezclados, en el mismo pastel.
Con la certeza de que nada de lo que escribiera aquella mañana hallaría nivel alguno de aceptación, ya sea por el contenido del texto o por la inexistente disposición a aceptar cualquier cosa, tomó el par de hojitas recién rayoneadas y las hizo pedazos.
Durante un rato, después de arrojar con violencia los trozos de papel al cesto, donde quedaron próximos al último número del Publimetro recogido en la escuela a media mañana, casi por accidente, sólo en busca del sudoku diario, permaneció recostado en la cama.
Miró al techo sin ver nada nuevo. La vida le parecía aburrida sin ella. Comenzó a soñar otra vez, como últimamente le sucedía con frecuencia.
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