El falsacionismo popperiano hace referencia a la corriente ideológica que sugiere el someter a las teorías científicas a las más duras pruebas a fin de demostrar que son falsas, o incorrectas. Aunque a primera vista tal postura carezca de sentido o de cordura para el lector no familiarizado con el tema, es de notar el hecho de que tal corriente haya marcado un momento crucial en el desarrollo de la empresa científica contemporánea.
¿Qué sentido tiene demostrar que una teoría es falsa?
De acuerdo con Popper, una teoría tiene validez científica en la medida que resiste a los embates en su contra. Si se hallan o diseñan circunstancias en las que la teoría realice una predicción, entonces es posible verificar o refutar la teoría de acuerdo a la situación empírica.
Pondré un ejemplo:
Dada la afirmación "todos los patos son blancos", siguiendo a Popper, habríamos de andar al mundo en busca de patos a fin de comprobar la fuerza de la afirmación (que en este caso se comporta de manera análoga a una teoría completa). No bastaría hallar 10, 100 o 3423423498234 de patos blancos para dar por cierta la teoría, sino sólo para corroborarla. Sin embargo, hallar un pato negro sería suficiente para refutar a la teoría.
¿Cuáles son los criterios, según Popper, para tener una observación como válida?
Popper es convencionalista en el sentido de que propone que la única fuente de validez posible radica en la experiencia intersubjetiva, es decir, en que las observaciones sean compartidas por un grupo de especialistas. Si una cosa es vista de cierta manera por los miembros de una comunidad, entonces esa observación de esa cosa resulta empíricamente válida para Popper.
Justo en ese punto intervino LPG, con su sagacidad para hallar huecos teóricos tan afilada como siempre: "¿y si todos están alucinando?" Claro: tanto para él como para mí el modelo Popperiano resulta sumamente atractivo, aunque tristemente para nada definitivo. Por supuesto que Popper tenía una respuesta y desde luego Ana Rosa la explicó. Evidentemente dejó inconforme a LPG que al igual que yo cada día se siente más decepcionado de la empresa epistémica de la cual había decidido (y no sé si lo mantenga) formar parte. También yo desearía hallar al fin algo firme a qué asirme, pero en la búsqueda, como imagino y estoy casi seguro le sucede, he terminado por perderme sin hallar lo buscado. Eso no impide, por supuesto, que halle otras cosas, pero esa ancla en la que podría sustentarse todo simplemente no aparece, y de hecho cada día tiendo más a pensar que no existe.
Tal vez por ello, o por otra cosa, entiendo (o creo hacerlo) tan bien a LPG. Quizá por ello, o quizá no por ello, nos hemos vuelto buenos amigos.
Y puede ser, como también puede no serlo, que nuestra afinidad y empatía tenga sus bases en este tipo de intereses compartidos, de escepticismo y de humor científico cruel en el que día a día nos gastamos.
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