July 06, 2014


La sábana cubría a medias su cuerpo desnudo. Era noche, pero la ventana dejaba entrar un haz de luz blanca que atravesaba su torso y parte de su abdomen, y que después de un par de rodeos, de altibajos y quiebres accidentados, alcanzaba a morder el dedo gordo de un pie. Estaba exhausto.

No dormía. Pensaba. Pensaba en su cuerpo desnudo y en el haz de luz que, de no ser por la incómoda sábana, hubiera pasado justo en medio de su pelo y continuado encima de alguna pierna hasta el dedo gordo, y quizá más allá, al filo de la cama, donde habría algo de ropa, sudor y sangre.

Era un cuerpo fantástico que entregaba codazos a ritmo constante cuando no se encontraba trepado en el otro; un cuerpo fantástico que olía a gloria, sal y arena; un cuerpo desnudo cubierto a medias por la sábana.

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