IV. Corolario
I got nothing against superstition, seriously. Es más, confieso que en casos como este realmente me cuesta trabajo resistir la tentación causal y dedico mi buena media horita a imaginar qué puede ser eso que está detrás, eso que me tiene aquí y que te tiene ahí y que tiene a este mundo en donde en donde lo tiene, como lo tiene. Too many variables baby, too much uncertainty. Pero no es la incertidumbre lo que me hace enmarcar esa búsqueda con el denigrante status de hobby y abandonarla tan pronto como la hora del almuerzo finaliza para pasar a cosas más urgentes y menos interesantes. No, no es la incertidumbre...
...es... es el cariño que le tengo, mezclado con las potenciales consecuencias de otorgarle una catgoría más seria: Y es que si acepto que hay una relación causal ahí donde es realmente difícil negar que la hay, tengo que concluir que hay alguien que juega muy malas bromas: La vida, Dios, el destino, o ve tú a saber quién chingaos.
Hoy, por ejemplo, fue un día particularmente difícil. Y hace algunos minutos, justo cuando empezaba a escribir este texto, la dificultad llegaba a su punto máximo: Hace dos noches (esta hubiera sido la tercera) perdí el arete. No me di cuenta de cuándo se me cayó, pero recuerdo que entre sueños me vi rascándome la oreja izquierda. Desperté, como podrás imaginarte, envuelto en pánico al comprobar que la predicción de los sueños cuadraba (engañosamente) con la realidad y que el trago estaba vacío. Sin pensarlo sacudí las sábanas y tendí mi cama por primera vez en varios meses con la esperanza de que un poco de orden sería suficiente para arreglar mi vida y devolver el arete a su cómoda posición habitual. No ocurrió: Ni el arete ni pista alguna cayeron ni de las sábanas ni de la cobija ni de la almohada; (¿)en consecuencia(?) no hicieron ruido al no aterrizar violentamente en el piso, ni contrastaron con los colores de fondo al no depositarse silenciosamente en algún punto del colchón. El trago estaba vacío y sería cuestión de tiempo para que la perforación cerrara permanentemente. No tomaría mucho asumiendo que la argolla habría estado fuera al menos unas tres horas y que la repulsión que mi cuerpo ha mostrado firmemente hacia el arete desde el primer momento se hubiera mantenido constante o en todo caso aumentado durante la privación involuntaria de la ocupación de mi oreja.
Abrí entonces el cajón, busqué la bolsita transparente. Encontré la pieza original al lado del botón y de esa cosa que cierra los cierres que nunca me he atrevido a desechar. Abrí la bolsita, saqué la pieza. La miré. Lo pensé dos veces, igual me la puse.
¿Alguna vez te conté lo doloroso que es cambiar de pieza? Nada simbólico: Es dolor físico puro que tiene una causa física perfectamente identificable y confiable, infalible: Y es que después de varios años utilizando una pieza curva el cartílago se adapta y ponerle de repente la pieza recta es una lata. Duele tanto como la perforación inicial, y es un poco más incómodo porque cada que la molestia aparece es imposible pensar algo así como que estoy pasando por el mismo predicamento dos veces cuando bastaba con una. Qué joda. Pero no podía dejar que el hoyito se cerrara, era demasiado camino para botarlo así nomás como si no pasara nada. Me aventé todo el día de ayer tocándome la pieza y aumentando la hinchazón, y el asunto empeoró cuando a mediodía de tanto rascarme me hice una pequeña herida en la entrada del canal auditivo. Sangró un poco, y la sangre coaguló. Y la siguiente vez que me toqué sentí la costra dura y escuché cómo tronaba, y tan incómodo como estaba caí presa del pánico y de la explicación causal más fácil e inmediata, y concluí que la maldita argolla no había aparecido en la cama porque estaba dentro de mi oído.
Regresé temprano a la casa decidido a sacarla antes de que la catástrofe terminara no sólo con la perfo sino con mi oreja completa, pero la verdadera catástrofe ocurrió cuando después de varios intentos infructuosos metí el cotonete número veintitantos demasiado dentro y como que empujé alguna parte del oído interno que no debía empujar. Perdí casí toda la audición izquierda de inmediato y desde entonces no la he recuperado. Se siente horrible. Tengo miedo.
Por razones que serán obvias dentro de poco, no conseguí sacar argolla alguna, y el jaloneo y constante movimiento de la vieja/nueva pieza inadaptada sólo volvió al dolor más punzante y a la hinchazón más evidente. Tardé en dormir más de lo usual porque la pieza recta se atora en cada chingado hilo de las cobijas y en cada pliegue de las sábanas; me desperté varias veces en la noche. Amanecí con sueño, molesto y sordo. ¡Sordo, puta madre!
Sobra decir, mi oreja estuvo hecha un desastre el día de hoy, y esa cosa paranoica que tengo atascada en algún lugar dentro del cráneo no dejó de chingar con la teoría de la argolla en el oído. No pude leer, no pude programar, no pude escribir, no pude oír música, no pude hablar... no pude hacer nada. Sólo tenía cerebro y paciencia para beber café y pensar en mi desgracia. Aguanté la tortura tanto como pude, aguanté más de doce horas. Aguanté hasta las seis de la tarde y entonces decidí que no podía más, que dejaría que la perforación cerrara permanentemente y que uno tenía que tomar estas decisiones en la vida. Que todo estaría bien, o al menos no empeoraría. Y que, con suerte, después de un tiempo olvidaría que la herida alguna vez existió, quizá cuando la audición volviera y con ella todo lo que vale la pena. Me quité la pieza pero no la tiré en esa coladera.
Llegué a la casa triste y preocupado: La costra se hizo más dura, el audífono izquierdo funcionaba pero yo no oía un carajo de ese bajo tan genial. El trago seguía hinchado y sabía que tomaría días para que se desinflamara. Y así pensé en nada.
En automático abrí mi explorador de confianza y las páginas sociales etcétera dispuesto a perderme en cualquier placer mundano y humano a mi alcance inmediato, qué chingaos, cualquier cosa para distraerse, cualquier cosa para olvidar. ¿Y qué me encuentro? Quién sabe qué, quién sabe cómo, tan claro ahí en algún lugar de la red. No pude resistir la tentación, como resulta evidente, y me perdí en lo que primero fue un buen chiste y elegante garabato, pero que rápidamente mutó en horrible muégano taquillero confusamente prometedor, amenazadoramente serio. Era el contraste, ¿te das cuenta? Por un lado, mi eterna búsqueda de la perfección culminaba en tragedia irremediable; por el otro, tu eterno relativismo súbitamente te colocaba más cerca del centro de lo que me he sentido jamás. El mismo día, prácticamente a la misma hora. Is there really no common causal agent for both events?
Para rematar, cuando el asunto alcanzaba el estatus de vómito vomitado me dieron ganar de vomitar. Cerré la compu y me levanté. Caminé al baño.
No vomité porque las ganas de cagar repentinamente se hicieron más fuertes... o simplemente más atractivas, no sé. Anyway, me entregué. Y cagando una mierda particularmente apestosa, oyendo el splash en el retrete con un solo oído, pensando en que en algún lugar del mundo habría alguien dispuesto a pagar por eso que es quién sabe qué y que funciona quién sabe como, el pinche arete apareció en el piso del baño. Ahí, en el chingado piso que piso diario, que pisé esta manaña y la mañana anterior, que pise ayer en la noche, maldita sea. Ahí, coqueto y risueño, como esperándome, como cayendo suavemente en forma de cereza sobre el peor pastel que se ha preparado jamás. Como si lo que sea que causa las cosas lo hubiera colocado precisamente ahí para que lo viera justo y sólo cuando estuviera cagando o vomitando, y así garantizar que la interpretación inequívoca se formara casi por arte de magia en mi cabeza: This can't be a simple coincidence, a causal account describes better the whole fucking thing... and the thing is fucked.
Is it? O todo esto es una gran y sorprendente coincidencia, o acepto que hay algo que juega bromas malas. "Café con leche", responderías, y yo intentaría explicarte que pocas cosas han sido tan útiles como los booleanos para esta humanidad. "Escalas, todo son escalas", pensarías en silencio, convencida de que no tengo remedio, y volterías a buscar cualquier color para comprobar tu hipótesis.
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