September 15, 2010

El gato encerrado

Últimamente da la impresión de que aquí hay gato encerrado.

Por un lado he terminado enamorándome de ti. ¿Y qué quiere decir? Quiere decir que, aparte de quererte como loco y pensarte todo el día, gasto mis tardes, mañanas y noches ideando la manera de descifrar el acertijo y hallar al fin la ruta a tu confianza y corazón. Pienso en cosas interesantes para platicar o en chistes idiotas que nunca me animo a contarte, intento sorprenderte lo mismo con las noticias de la mañana que con el último dato posmoderno hallado en la red, y no pierdo oportunidad para imaginar cómo sería todo si algún día hallara la fórmula correcta y, cual Arquímedes contemporáneo, tuviera al fin razón suficiente para gritar un estruendoso "¡eureka!" en medio de la ducha matutina. Todo con el único propósito de que tu compañía nunca termine, porque ya no basta verte diario, ya te extraño tan pronto nos despedimos. Y no importa tampoco cuán largo haya sido nuestro último encuentro o agotadora la discusión, siempre quiero más.
Vivo con ganas de ti, y añoro estar contigo cada instante que trascurre.

Pero por el otro, poco a poco comienzo a sentir que me encuentro solo y dentro de un callejón sin salida. Si bien nunca fueron claras, ahora tus intenciones son prácticamente indescifrables, y por más seso que queme y atención que ponga, ha llegado el punto en el que debo admitir que no tengo ni idea de qué quieres conmigo, si acaso quieres algo. En medio de tal incertidumbre es difícil decidir qué hacer, porque si bien el cariño que por ti siento me impulsa a continuar buscando aquellas respuestas con la panza llena de mariposas, o de luciérnagas, el miedo a perderlo funciona en sentido contrario, y hasta ahora ha conseguido frenarme y hacerme contener la pregunta fundamental en cualquiera de sus posibles modalidades.

El gato está encerrado, como podrás darte cuenta, y al parecer todavía no encuentra la palanca que lo ha de liberar. El gato se sabe encerrado, como buen gato que ha estado fuera de la caja en otras ocasiones, y lleva tanto tiempo así que comienza a hartarse del encierro. Pero eso no importa porque su condición de prisionero obedece a razones que se encuentran más allá de su voluntad, de lo contrario no tendría caso llamarle encierro, y así el hartazgo continúe, el gato está condenado a morir dentro a menos que encuentre la palanca y la mueva en la dirección correcta.

¿Pero por qué no encuentra el gato la palanca? ¿Porque no ha buscado suficiente, o porque simplemente no existe?

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