August 01, 2010

Pienso en ti. Te recuerdo y te imagino y me pregunto qué harás en este momento escurridizo una y otra vez. Desde hace algún tiempo te has vuelto inevitable: blanco y negro, águila y sol, cinco pasos de la cama a la puerta y otros seis hasta la ducha, café (crema y azúcar sólo en caso de emergencia), lo mismo durante la cena que atrapado en el tráfico matutino o mientras el reloj marca las doce pero sin mostrar síntomas de escurrimiento, en inglés o español, pero principalmente en el poco ruso que sólo toma la forma de algunos apellidos famosos y una que otra vez de símbolos confusos extrañamente dispuestos en webs halladas accidentalmente. Coyoacán. Barcos de papel. El polvo de mi cuarto y su ausencia, y hasta los rincones que ni siquiera yo conozco o que he visto raramente, que escapan a los ojos por ubicarse detrás de los espejos, y lo que ahí se encuentra.
Y no entiendo cómo ha podido pasar ni por qué, pero son preguntas que han dejado de importarme, que han vencido mi resistencia y resistido mis embates, como tú, y que ahora se antojan tan inútiles y carentes de sentido como... ¿como qué? Tampoco importa. En realidad, ya no importan muchas cosas.
Acaso lo único importante, que debe dicha atribución a su capacidad de desviar el curso de mis acciones, habiendo hasta ahora conseguido retrasar la clave, la definitiva, es el miedo que la incertidumbre trae consigo. ¿O debería llamarlo temor? La panza se siente vacía, la garganta se cierra y cuesta respirar, sudo, tiemblo, pienso cada palabra que digo y cada gesto que hago, y ansío tener algo a que sujetarme al voltear hacia abajo desde el trampolín de tres metros.
Tres metros... y eso que nunca me he subido a uno de diez.
Es ese gusano en la nuca que baja por mi espalda y eriza mi piel cuando la sola idea de arrojarme me viene a la cabeza.

No comments: