Está claro que busco, ¿pero qué busco? Hay tantas variables a considerar que pensar en una sola combinación de valores resulta engorroso y poco práctico, pero es una tendencia casi inevitable que sigo cada que pienso en la búsqueda.
Y aunque no busque sólo mujeres, las busco, y ellas no escapan a tan cruel y engañosa costumbre: la mujer ideal, que le llaman. ¿Qué sentido tiene imaginarla? ¿No es acaso un poco ingenuo pretender que, de todos los arreglos posibles, yo me encuentro en condiciones de hallar el deseado? ¿Por qué habría de encontrarlo? Y, si acepto que no existe razón para pensar que por el mero hecho de buscar he de hallarlo (lo cual acepto con vehemencia), ¿para qué repasar una y otra vez las condiciones y circunstancias, los hechos y actividades, las características, cualidades y defectos que definen a dicho ser inexistente?
Pasatiempo ocioso que ha mutado hasta convertirse en hábito improductivo, me tiene harto. ¿Cómo hacer para escapar de su dominio?
Quizá resultaría mejor... ¿qué? Al conocer a una chica, ¿no se vuelve necesario compararla con el demonio que he inventado a fin de decidir si me gusta o no? Quizá no lo sea, pero a primera vista parece un paso obligado. Tal vez habría que desechar la idea de establecer dicho valor de atractivo, pues puede ser que desde ahí venga el problema. ¿Pero entonces qué queda?
Lo más extraño y paradójico, independiente al hecho (también invariable) de que el demonio me persigue noche y día, es que al parecer la combinación añorada nunca permanece estable por periodos prolongados, y después cambia sin restricción aparente, pudiendo llegar incluso a oponerse al modelo anterior en cuestión de horas o días en el mejor de los casos. Ello ayudaría a explicar (si es que tal puede considerarse explicación) los cambios súbitos e intempestivos que generalmente han marcado los finales y comienzos de mis relaciones sentimentales más importantes.
¿Estaré condenado a vivir con el demonio? ¿Cómo saberlo, y para qué?
¿Terminaré enamorándome de él? ¿O no vivo ya enamorado y lo que he llamado búsqueda no es más que una serie de intentos infructuosos (debido a la naturaleza cambiante del demonio y de la gente) por hallar lo más parecido al ideal en turno para después hacerles encajar a la fuerza?
¿Podré matarlo?
Y si muere, ¿de quién enamorarse entonces?
1 comment:
El eterno debate interno. Nos persigue a diario invariablemente. Love you ball.
Post a Comment