No quiero dormir. Estoy cansado. Frustrado y desesperado, temo encontrarte otra vez y malgastar el día siguiente elaborando explicaciones innecesarias. Otra vez de vuelta al pozo, de nuevo atrapado en el callejón sin salida.
¿Cuánto durará esta vez? ¿Qué debe pasar para que escape del pantano pegajoso? ¿Resistiré la tentación, o me entregaré sin resistencia?
Escribiré la palabra paradoja sólo para mencionar que no hay tal, sólo por el gusto de hacerlo, por el gusto de escucharla sin voz cada que lea esta entrada en los días subsecuentes, por el placer de tener el eco en mi cabeza. Paradoja inexistente porque no hay tal. Porque habría una paradoja si el encuentro hubiera sido inevitable, pero no lo fue: Consciente de que nuevamente nos habíamos encontrado en el pozo que comienza con pe de paradoja, decidí seguir durmiendo para alargar el encuentro y platicar contigo. Y entre la puerta, las sillas y la casa, tuve la oportunidad de retirarme a tiempo pero no lo hice. En cambio, opté por continuar dormido sabiendo que aparte de ocasionar un retardo considerable aquella decisión sólo me acercaría más a ti, y ni siquiera fueron suficientes las señas inequívocas que en forma de tu hermana y de tu madre advirtieron todavía a tiempo del encuentro inminente.
"-Hola, Ghostgirl", debí haber saludado, pero no lo hice. Esperé. Esperé mucho. Cada vez esperé menos y dejé de esperar cuando por fin hablaste.
-¿Cuánto tiempo llevas fuera? -preguntaste.
-Un par de años.
-¿Y qué has hecho?
-Nada.
Sonreíste y te esfumaste, y desperté. Y malgasté el día siguiente elaborando explicaciones innecesarias, torpes y confusas. Explicaciones que no explican nada.
Y ahora temo encontrarte de nuevo en forma de chica fantasma porque desaparecerás antes de que la primera explicación termine de cuajar, porque no podré hablar contigo ni decirte con qué esmero intento explicarte. Y porque no responderás que no hay nada que explicar porque, por las propiedades fantasmales que te caracterizan, no puedes hacerlo. Y entonces no habrá consejo qué escuchar ni advertencia qué seguir, y en consecuencia malgastaré el día siguiente buscándo explicaciones. Y terminaré el día cansado y frustrado, con ganas de irme a dormir. Y dormido aparecerás de nuevo, y desaparecerás de nuevo, y yo me quedaré solo y abrazaré al humo y destrozaré tu imagen entre mis brazos todas las noches, y lloraré de alegría y lloraré de rabia, y nada de eso hará que por fin aparezcas sin desaparecer porque eres una chica fantasma.
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