¡Jajajajaja!, no mames, ¡ahora sí me hiciste reír, güey!
Porque no me chingues que fue otra maravillosa coincidencia la que OTRA VEZ te hizo partir JUSTO al momento de mi llegada, JUSTO después de la llegada del documento, JUSTO cuando la situación amenazaba con ponerse incómoda. Si es el caso debo admitir que es realmente difícil creerlo. ¡Pero venga, amigo, sabemos que no lo es! (Y mira que si de algo empiezo a saber es de este tipo de ilusiones tramposas.) Y tan creo que no lo es esta vez como creo que no lo ha sido en las demás, como creo que no lo será cuando pase de nuevo, porque con todo y las relaciones verdaderas escondidas y las falsas asomándose todo el tiempo, es simplemente imposible resistir la tentación de atribuir crédito en el asunto a tus intenciones y creencias (que, por cierto, se antojan bastante transparentes).
Y en serio da risa, con todo y la relación de amistad que por ahí anda, y pese a que la situación es, desde mi perspectiva, más bien triste. Pensar en que rara vez hablamos a raíz de mi intervención imprudente me ha dejado ver cuán diferentes podemos ser a la hora de hablar las cosas delicadas e importantes, y sin negar que el tacto que tengo para platicarlas se asemeja al de un mandril, creo que también tiene que ver esa manía tuya de darle la espalda a lo que te resulta incómodo. Tentativamente, supongamos que a esto se debe "la mitad" de tu escape de hace unos minutos.
La restante la atribuyo al hoyo en el que te metiste, que también me parece lamentable. Y no por quién, sino por cómo y a qué costo. Me da la impresión de que poco a poco has caído en cuenta de la dimensión del asunto y de varias de las implicaciones sobre las que intenté advertirte, que te esforzaste en negar cuando eran negables y que ya no son negables, sino evidentes. ¿Cómo recibir la buena noticia del amigo así? Mejor no recibirla, imagino, aprovechando que uno todavía se encuentra en posición de ignorarla.
¿Sabes qué es lo peor? Lo peor es que crees que te has salido con la tuya y victorioso disfrutarás el resto de la tarde. Yo esperaré respuesta en vano durante algunas horas, quizá días, semanas en el peor de los casos. Eventualmente responderás, y aquí pueden pasar dos cosas que entiendo con igual probabilidad. O aceptas, con todo tu pesar, o te niegas esforzándote por verte elegante y pareciendo un hombre de mundo que enfrenta responsabilidades superiores con gala y talento admirables.
Pero seguiremos siendo amigos cualquiera que sea el caso, desde luego, porque los amigos están y estarán siempre para apoyarse mutuamente, porque somos hermanos, porque sólo camaradas como nosotros se quieren tanto y son tan importantes en sus vidas bla bla bla.
Pero al margen de quién gana y quién pierde, de quién invita y quién responde, de si se acepta o se niega o se permanece indiferente, la situación sigue siendo la misma.
Pero hace tiempo que la situación ya no es la misma, y cuesta trabajo pensar que puede llegar a serlo de nuevo.
Lo peor, querido cuate, es que lo peor ya pasó y que lo peor todavía no llega...
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