Pero así sucede con las grandes, medianas y pequeñas cosas, y hasta con las insignificantes. Trascendentes o inútiles, generalmente todas tienen el mismo comienzo incierto que podría rastrearse hasta una contingencia cotidiana que, por cotidiana, casi siempre pasa inadvertida, disfrazada como hábito o rutina, y que a veces da la impresión de que sólo yo percibo. Como fuera, todo esto comenzó de una manera idiota y el punto es que se ha convertido en desastre. No sé cómo, no sé por qué, y mucho menos entiendo qué sería bueno hacer. Me siento perdido, como un cavernícola desorientado esforzándose en vano por comprender algo del mundo que le rodea y en el que ha gastado la totalidad de su vida, sin conseguir resultados.
November 02, 2010
¿Es normal sentirse triste en una tarde tan oscura? El sol apenas se fue y ninguna estrella se asoma todavía cuando ya han pasado de ida y vuelta varias veces todos aquellos eventos que recuerdo como errores, como decisiones equivocadas que hubiera sido mejor no tomar, como meteduras de pata que, aparte de joder el pedacito de vida propio de su dominio, terminaron también metiéndose hasta mucho tiempo después, hasta ahora que otra vez aparecen repentinamente en forma de cascada. No hay tiempo de respirar entre uno y otro, los recuerdos llegan sin parar. Y de la misma manera que yo aquí, tirado en la cama sin esperanza ni consuelo, debo de parecer absurdo a los ojos de cualquier tercero, a mí mismo me parece idiota la manera en cómo comenzó todo esto.
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